La lluvia mana por la canaleta (soneto)

La lluvia mana por la canaleta,

la nieve se derrite en los portales,

me toman de rehén los manantiales

de Atocha, con Cibeles de probeta.

 

Discurso oscuro de vulgar esteta:

mil sueños con palabras celestiales.

Me despiertan con eco las señales

del silbido amoroso de poeta.

 

Crece la enredadera de vagones

en los andenes del ferrocarril.

Apura el desamor la triste rueda

 

 

redonda, de secuaces polizones

manchados por el lodo, sol febril,

y agoniza un candil en la vereda.guadalupe

El croché del destino

 

 

ausenciaHubo alguien,

el día anterior a después,

que se quedó con una imperiosa mujer ajena,

-aunque yo nunca fui tuya-,

y que le quitó las mochilas al viento

para regalártelo entre bandadas

de negros gorriones,

dejándote solo en la pista de baile,

en el inesperado enjambre

de los hilos que tejen y destejen

el crochet  invisible del destino.

 

 

 

En el poema original en francés.
En el título en español.
Son manías de quienes tejemos y destejemos los hilos invisibles del destino.

Hay un problema conmigo

 

Hay un problema conmigo (recitado)  se puede escuchar por soundcload también en este enalce. 

 

 

 

Hay un problema conmigo

Verdaderamente, debo admitir

que hay un problema conmigo.

No sé bien cuál es, ni sé por qué.

Trato de dilucidar la cuestión

sin éxito y sin fracaso.

No existe una respuesta prematura.

Hay un problema conmigo.

Una molestia visible y embarazosa.

Mis amigos son corteses, pero me evaden.

Mis enemigos son infames, aunque me adulen.

Los lerdos me envidian.

Los extraños no me reconocen y crepitan.

Está todo bien, y de repente,

oigo el cuerno de De Vigny,

“En la tarde, desde el fondo del bosque”

y el cuerno se vuelve papel picado,

mascarada bajo la lluvia,

precio,

deprecio,

aprecio

superficial y agudo

queriendo advertirme que no hay retumbos

ni perversión ni desventura,

tan solo una existencia penosa

en la que hay un problema conmigo.

Los candados no cierran a la hora indicada

y la celda que ocupo se torna pegajosa.

Los relojes aparentan atrasar en su rauda carrera.

El teléfono suena como una alarma seca

y los grilletes de los regimientos

parlamentan desde una distante verbosidad

armoniosa, profunda, enajenada,

como si fuera yo un rey sabio o una idiota   rimbombante.

Nadie es natural, naturalmente,

con los viejos desdichados ni con las eminencias.

La atmósfera se ha enrarecido

con lecciones de gramática

en quemadores de alcohol,

y ventas al menudeo

de abundantes autores de poemas

de estética consagrada

hasta la desesperación.

Odio los timbres, las locomotoras,

los discursos presidenciales

en cadena nacional

y los premios arreglados.

Odio el temblor de los enfermos

y la felicidad de los ingenuos.

Hay un problema conmigo:

un caballero me ama sorda,

inconsolablemente.

Va soltando pétalos en un vaso de cristal

igual que un águila herida,

desangrándose

semejante a un trapero de pasiones.

Mi indiferencia lo abate y entristece.

Nada puedo hacer.

Porque no sé si les dije:

Hay un problema insoluble conmigo.

Hay un vacío que no admito subsidiar.

En la soledad aguanto y discurro.

Hay una sombra

que se persigna irreverente ante mi cuerpo

con las alas rotas y la lengua balbuciente

de los neuróticos convulsos.

Hay un pedido de auxilio evanescente

que parte mi cabeza en cuatro,

cada dos por tres,

cuando el hombre de los mil pétalos

me bautiza y me reclama

y no estoy para él

puesto que exige mi manumisión.

Hay un problema conmigo.

Hay un problema

que no muestra pretexto ni escapatoria.

Hay un problema conmigo.

 

graffiti cala ratjada

 

Gracias a mabm por esta significativa imagen

 

El poema -menciona VENTAS AL MENUDEO-  forma parte de mi libro Venas al menudeo, dado que esa fue la primera elección del nombre. No me hubiera costado cambiarlo para la edición pero  ya saben; “hay un problema conmigo”.

 

.

NADA

 

“Nada.

He existido.”

Sartre.

La Náusea. (Una de las mejores novelas del siglo XX).

 

 

Nada.

He existido para ser papel y pasado;

para albergar en mi juerga escarlata

las pasiones y el deseo;

para haber renunciado al viento peninsular

aquel invierno

y gastar la piel,

hastiada de preguntas y reproches

en un basurero efímero,

único horizonte del paisaje.

Respondí “sí” con la cabeza erguida

cuando fui interrogada por jueces anónimos;

dije “no” al plato de comida caliente

con la efervescencia de los veinte años.

Cien tarjetas de amor

me esperaron a la salida del hipódromo,

cien sombreros ausentes

se colgaron de mi laúd.

Reconozco el pecado

de haber tragado mi propia placenta

y el deshonor de haberlo olvidado,

como si tal cosa fuera posible.

No vale memorar el arrepentimiento.

Dentro de un segundo,

mitad de minuto, a lo sumo,

seré Nada,

como dicen todos los hombres,

desde quien sabe qué siglo,

quien sabe qué ciudad,

quien sabe qué mundo…

Cuando descubrí este cielo laberíntico,

las migas de mi cuerpo,

tendidas en la arena,

se precipitaban a la boca de los pájaros

con callada virulencia,

y al final, la nada,

nadita de nada,.

recobraba su trágico sentido.

 

nada

 

 

 

La orquesta del Titanic

 

La orquesta del Titanic no se cansa

de andar por estos mundos sin sorpresa,

le gusta a la manada la represa

de estar en el lugar con fiera o mansa

 

letrística, en la noche donde avanza

con frío o con calor la estéril presa

que insiste con cobrarle a aquesta empresa:

la magia, el desdoror, la contradanza.

 

Y mientras tocan los carabineros

en viejas despedidas de solteros

el aire se asemeja a una tormenta;

 

el viento había soñado en duermevela

el nombre de la voz que desconsuela

al grupo embaucador que la alimenta.

 

 

Lu
angelici coti

 

Cualquiera de estos dos señores podría mandarme a la RAE, en primera, con aplauso, medalla y beso y sin concurso de oposiciones y antecedentes. Lástima que no soy hermana de ningún ministro.

Son DANIEL ANGELICI Y ENRIQUE “COTI” NOSSIGLIA.

 

LA LEYENDA DE ZELDA.

 

a Shigeru Miyamoto y Takashi Tezuka 

 

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En un cofre dorado del tamaño de un cuis,

desbordado de sustantivos y reminiscencias

me encerré por dentro

con la sombra en brazos y

la tristeza apoyada sobre mis espaldas.

Cuando me hallé en el desván,

tiempo más tarde,

abierta, raída, frágil,

lejana a la parafernalia

y la devoción por fantasmas

en el bosque

con los cuatro nombres de

Mujercitas

en Wonderland,

no quedaba de aquel baúl más que un recuerdo,

un agujero sin árbol,

un espejo roto,

una llave

abandonada en cenizas,

intactas, eternas, mentirosas.

El Agitador del Viento

deshizo el acertijo bautismal

y ningún Link, el Guerrero

apareció para salvarme.

 

 

 

De blog: Premio Consuelo para…