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Todo bien

Todo bien.

Se la veía bien,
despellejada, desnutrida e insensible,
pero bien.
Se la veía bien,
caprichosa e inconstante,
gritona al divino botón,
pero bien.
Bastante bien.
Se la notaba confusa,
compatriota de los desposeídos,
alerta al vuelo de los moscardones,
pero bien.
Casi como bien.
No cumplía las leyes de la historia.
No sabía coser manteles de hilo croché.
No ponía las manos en el fuego por nada.
Se reía de absurdas tonterías.
Pero bien,
Se la veía bien.
El único idioma que hablaba era el materno,
y era un esfuerzo entenderle;
leía deletreando,
se notaba que no participaba de proyectos gratuitos,
que la bicicleta era de la quema.
Pero bien.
No le parecían interesantes
los alardes de los buscadores compulsivos de público.
No tomaba anfetaminas,
comía salteado.
Vivía de prestado.
Tiraba manteca al techo cuando le sobraban manteca y techo.
Decía palabrotas a menudo.
Pero, bien.
Todo bien.
¿A quién podía importarle una mina solitaria en la espesa
ciudad de insomnios progresivos y tragadores de buitres?
Solo la radio comunal se ocupó de ella cuando murió, de repente.
Nadie reclamó el cadáver.
Pero bien.
Todo bien.
Como suele suceder con los pobres.

 

Lu
mina:  voz del lunfardo argentino, adoptada coloquialmente, que significa “mujer”.

 

 

 

 

 

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Todo bien

   Todo bien.

 

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Se la veía bien,
despellejada, desnutrida e insensible,
pero bien.
Se la veía bien,
caprichosa e inconstante,
gritona al divino botón,
pero bien.
Bastante bien.
Se la notaba confusa,
compatriota de los desposeídos,
alerta al vuelo de los moscardones,
pero bien.
Casi como bien.
No cumplía las leyes de la historia.
No sabía coser manteles de hilo croché.
No ponía las manos en el fuego por nada.
Se reía de absurdas tonterías.
Pero bien,
Se la veía bien.
El único idioma que hablaba era el materno,
y era un esfuerzo entenderle;
leía deletreando,
se notaba que no participaba de proyectos gratuitos,
que la bicicleta era de la quema.
Pero bien.
No le parecían interesantes
los alardes de los buscadores compulsivos de público.
No tomaba anfetaminas,
comía salteado.
Vivía de prestado.
Tiraba manteca al techo cuando le sobraban manteca y techo.
Decía palabrotas a menudo.
Pero, bien.
Todo bien.
¿A quién podía importarle una mina* solitaria en la espesa
ciudad de insomnios progresivos y tragadores de buitres?
Solo la radio comunal se ocupó de ella cuando murió, de repente.
Nadie reclamó el cadáver.
Pero bien.
Todo bien.
Como suele suceder con los pobres.

 

 

 

Lu

mina : lunfardo argentino por mujer.

De mi libro: Acuario Plateado por la Luna: Los lecheritos

914267LOS LECHERITOS

Tìtulo y canción de la mamá del Alto Valle Serrano a su niña de azúcar cande.

Maìz en pepitas de oro,
vino en ayunas,
mandioca del suburbio,
baños de espuma.

Silbados por los vientos
van los amantes,
quesito blanco llevan
entre los guantes.

Parejita con boina
viene tirando
del carro del lechero,
no sé hasta cuando.

Me dijeron sus nombres,
no los recuerdo,
la vida es cara sucia
donde me pierdo.

Anoche se besaban,
hoy no se besan,
trabaja él fiel la tierra
mientras le reza.

Hilvana ella bocados,
vende tristezas,
caminante apurado
de las malezas.

Arcángel de ninguna
será la senda
de regreso a la cuna
en la merienda.

Me dijeron sus nombres,
no los recuerdo,
la vida es cara sucia
donde me pierdo.

Te hablo (poema revisado)

Te hablo

con una vanidad absurda/

como si fuera el héroe de una guerra,

el  artista laureado,  omnipotente,

el Apolo mellizo de Artemisa:

la jefa de las Musas del Olimpo

con mi cítara/

gastada de poesía.

 

Te canto con fulgor en la mirada,

con el hálito de voz que aún me queda,

y busco tu simpleza/

entre las sábanas

del sitio donde estés acontecido.

 

 

Porque el viento es testigo del deseo

y nunca olvidarás/

que fui tu azogue.

 

 

 

El viento del verano en la casa de Paloma, en Almería. 914297

¿Qué nos importa?

 

¿Qué nos importa?

¿Qué nos importa Trump?

¿Qué nos importan las aventuras de los monarcas
o la crueldad de los dictadores?
¿Qué nos importan los resultados del referendum,
las correrías de los deportistas,
las veleidades de los actores,
el resultado de la lotería?
¿Qué nos importa nada ni nadie a los pobres?
Acaso
si pedimos un poco de pan,
un cuarto de vino,
salud para sembrar la tierra ajena
y alimentar a nuestros polluelos
para que lleguen a ser libres, algún día.
Nuestra ropa está empapada de sudor,
la esperanza chinga por el orillo.
Renunciamos a las patrias
y nos llamaron cobardes.
No entiendo esa manía de que
la vida se escabulla
en un teléfono,
se filtre por imágenes de televisión,
o soñando con las redes que nos atascan a su instante
porque somos presa fácil y abundante
para morder el anzuelo
del show que debe continuar.
Las palabras como las cámaras
nunca se apagan.
Te hablaría de los brotes de los árboles del estío,
de la gaviota herida en la playa,
de un tierno amanecer en Buenos Aires.
Te hablaría del dogma ingenuo
y del fulgor amoroso del relámpago.
Te daría mis mejores augurios y bendiciones…ay, si pudiera.
Pero los veo pelear por nimiedades
que las bestias desconocen,
ensañarse por poca cosa:
los matices del destello de una piedra pequeñita,
el timbre de una voz.
Los oigo ir felices a la muerte con sus linajes, sus drogas, sus armas de fuego y su soberbia.
Los descubro renegando de su naturaleza y
no entiendo que no entiendan el pudor ante el inútil sacrificio que cometen.
Cayó el velo de la hipocresía
y perdieron la fe por culpa de cuatro cerebritos malintencionados.
No sé si es eso o que no entiendo
que a los pobres
nos está vedado comprender
y deploro seguir fingiendo.
¿Cuánto daría por rehacer este mundo a mi medida?
Y no sé por qué no puedo:
porque no tengo tiempo,
porque no tengo ganas
o porque soy pobre
y a los pobres solo nos visitan las sombras del conocimiento
y en el cementerio de las calles
siempre nos toca elegir la fruta descartada.
912497

Uno de mis poemas más recientes, escrito en la ciudad de Almería, Almería, España.

La muerte descompaginada

La muerte descompaginada.

A Mario Vargas Llosa.

¿Quién pudiera tener el tupé infame

de enfrentar a los viles poderosos

para darles la mano en la distancia?

Solo la muerte descompaginada.

Sus ritos y tonsuras.

¿Quién osa presagiar lo inevitable?

Vanidad como un vínculo de sangre.

Está el mundo entre cosas cardinales

rumiando en las orejas de los cuerdos

la nueva negación del andamiaje.

No abrigan  ocasión los avatares

de ser su propia esencia sin legajo.

El cráneo está en la nuca del hermano,

la boca para el verbo repetido.

Los que nacen y crecen son los mismos

esclavos, de repente arrepentidos.

Les remuerde la historia y la hipertrofian

como el escarabajo que no llega

a ocultar su alimento desastroso,

los tímidos, funestos guardabarros,

que niegan lo que saben por exceso.

La hora del dolor,

las tibias horas

del alba o el albor,

de la alborada,

sollozan con gargantas anhelantes.

El monstruo tiene miedo del fantasma,

la luna se recubre con banderas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lu
Poema publicado en mi tercer libro:  “Venas al Menudeo”.

Es raro el orden en el que publiqué algunos poemas, la elección que hice de los mismos. Sé que hoy lo haría de otra manera, desecharía varios y compartiría otros que merecen mejor fortuna que la página blog. Se aprende sobre la marcha y “si sucede, conviene”.

Subo algunas fotos que ni siquiera comparto en facebook porque estamos entre amigos, somos pocos y no corro riesgos de ser crucificada por esto.
Como soy muy poco fotogénica porque las fotos me ponen tensa, trato de sonreír para aliviar el malestar que implica que una cámara digital nos robe el alma.
Sepan perdonar.

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Reflexiones tumefactas

 

Reflexiones tumefactas, engordadas por amor al arte.

 

 

La noche nos promete ser clara y transparente de estrellas del color de agrisados ojos nebulosos.

No habrá sobresaltos. La lírica protege el templo de las musas, amparado del ácido corrosivo de las discotecas diabólicas.

¿Quién se atreverá a pedirme que abandone el edificio?

Me mantendré impasible como una tímida cigüeña a punto de emigrar de su morada.

Pesa sobre mi espalda la furia de los violentos, el llanto de los idiotas, las efigies de piedra dura de los corruptos.

Aquí están copulando el cielo y el infierno, albergados en un todo universal limpio y perfecto.

La impureza de una rosa se trueca por sus espinas, las púas de su guitarra.

Nunca anheles la desgracia de ser rey ni parecerlo.

Nunca anheles la desdicha del guerrero de la paz, aunque en noches aciagas y tortuosas envidies su vejez desconsolada por la ausencia de aquella que ha partido, sin sospechar que mataba a su excelencia, con los labios robados a la luna, de los cuadros que secretamente le pintaba, bajo ínclito seudónimo, con el afán de llevar misterio donde había luz, y conmoverla.

Debes empezar considerando que aun siendo diferentes ninguno de nosotros es distinto a sí mismo e igual al otro eterno.

El antiguo testimonio de los libros religiosos suele dar cuenta épica de la sangre regada en arenas infinitas, antes y después del tiempo y la sustancia.

Los verdugos ignoran la estupidez humana. Por eso son humanos. Por eso son verdugos.

Mi ser se desquita de la continuidad perezosa o más bien de su motivo de sobrevivencia femenina del erotismo circular y autónomo.

Debes también adherir a la humildad, hijo mío, sin dar pasos en falso que conducen a camino del pecado original.

Es obsceno mirar a cualquier parte. Es obsceno cerrar los ojos y dejar de ver sin la mirada.

Aquí están copulando el cielo y el infierno, albergados en un todo universal limpio y perfecto.

El tacto aguarda su resarcimiento. El olor penetra sin mancha de anhelo alguno.

La expectación se ha transformado en santa resignación de los designios divinos. Se parece a un puente cubierto de nieve, resbaloso y frío de un país tan lejano que es probable que solo sea perceptible en la cuna de la imaginación.

Asignar luz a las sombras para inventar la experiencia de la palabra es aliviar la fe, que no se explica.

 

Lu

Iba a subir una foto sonriendo pero con estas prosas tumefactas me dio no sé qué y puse esta más formal.
La próxima la comparto.

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