Archivo | mayo 2018

Árboles frutales

 

 

 

Árboles frutales

No todas las tierras pueden producir todas las plantas.

Libro II de Geórgicas, Virgilio.

 

No esperes que te nombre en mis poemas

como si fueras

una seriación de árboles frutales:

 

Acerolo, naranjo, albaricoque,

algarroba, higo chumbo, mandarina,

kiwi, avellano, melón, alcaparra,

tamarindo, limonero, uva espina,

 

chirimoya, ciruela, carambola,

babaco, níspero, nuez de la China,

cacao, castaño, mango, zarzamora.

rambután, pomarrosa, nectarina.

 

paraguayo, peral de Oriente, plátano,

melocotón, aguacate, grosella,

chicozapote, níspola, guayabo,

 

dátil, endrina, manzanero, coco,

piñón, tomate arbóreo del Perú,

membrillo, pomelo, mora, pistacho…

 

En fin, abandona la esperanza,

siempre serás tú

escondido entre las hojas.

 

 

No esperes porque nunca he de aludirte

aunque como estás viendo, haga excepciones.

 

 

 

Del libro Premio Consuelo

Lu

Logias y buitrones

Las logias bochornosas
de los Señores de la carne picada
y los buitrones cadavéricos
abominan de la mujer de agua
y abjuran de sus demonios.
Prefieren mantener el mito
de las tangibles cortesanas
que se desnudan
para dar de comer a sus hijos.
Como si el hombre de plata
ignorara
que esos hijos adulterinos
de las entrañas de sardinas
licenciosas,
serán mañana
los militares coronados al mando,
que defenderán las espurias posesiones
con su nombre contaminado
y alcanzarán el poder
con el espanto de la sangre triturada
por las espadas que desenvainen.

 

Del libro Acuario Plateado por la Luna (2005)

incubus-paint-project- modificado

Narciso (Soneto dedicado a Bob Dylan)

 

NARCISO

 

Pobre de ti, Narciso endemoniado,

víctima de arrumacos y de fobia;

pobre de ti, payaso inveterado

monaguillo de fiel misa sin novia.

 

Robaste a San Antonio su costado,

hincaste el diente en viaje por la noria,

volviste a mancillar el nombre amado

rebasando entre escrúpulos y euforia.

 

Llevas en las solapas incrustada

la flor de la camelia de tu vida,

la marca en el orillo desgastada,

 

señuelo en la chaqueta apolillada

y un hedor fracasado en la partida

que embriagó a aquel que nunca ganó nada.

 

 

 

 

 

 

Publicado en Premio Consuelo 

Lu

 

Este soneto lo escribí varios años y lo publiqué en varios blogs, entre ellos el del diario El País y el mío de entonces, antes de ser hackeado y con mucha anticipación a que el pro-sionista Bob Dylan ganara el Premio Nobel de Literatura, con verdadera anticipación profética por su soberbia (fue a retirarlo a regañadientes).

Hoy, tras los escándalos conocidos en la Academia Sueca, nos hemos quedado sin referentes. Parece a posta, que la debacle llegara por las mismas mujeres que salieron a denunciar abusos antiguos en los diarios, sin mostrar más prueba que su palabra, violentando el principio de presunción de inocencia.

Cuando la política se mete en la Literatura, tal como ha venido sucediendo durante décadas, nos quedamos sin referentes.

Por estos motivos y otros que me reservaré a círculos más íntimos,  no me gustan los premios.

Desde que comencé a publicar en las redes en mi blog Premio Consuelo (2007)  decidí no participar ni alentar los premios literarios (salvo alguna burla a algunos de los jurados que dan más vergüenza que deleite y que mandé insidiosos microcuentos o poemas, con el afán de burlarme de sus juicios de valor. Algún día contaré esa historieta).

Los poetas que compiten me parecen mercenarios. Mucho más que los atletas que así lo hacen, porque estos últimos tienen una justificación económica y sus resultados son apreciables cuantitativamente.

Quisiera creer que ser poeta es más que escribir versos más o menos interesantes y con una técnica no siempre precisa. Es -debería ser- un modus vivendi y operandi.