Un poema de Premio Consuelo (año 2007)

 

Comparto el poema porque nunca lo subí a este blog:

 

Teratología del poema

 

                           Obra pictórica: René Magritte. “Descubierta”,  1927

 

 

Pongo esmero en buscar

la palabra ideal,

bálsamo o teofanía,

para cerrar un poema trashumante.

Intento por ahí:

“avispero”, “vesanias” o “zozobra”.

Todos queremos descubrir una:

la última palabra que nos nombre,

como encuentran los pintores

una imagen de mujer pantera.

Sabemos que morirá con el idioma,

y no obstante,

ansiamos salir victoriosos

de la batalla inútil,

e instamos vanamente su conquista.

Veces hay, en que tropezamos

con otro poeta anterior

que usó una misma palabra:

“una flecha”,

para su final apoteósico.

Sentimos entonces,

el oprobio de la ofensa,

una mutilación.

Semejante orfandad de filigranas

nos bautiza con prístino desdoro.

Le da una cachetada a la soberbia,

a ese autócrata pontífice del verso

que creímos ser

y nos regodeaba en falsas latitudes.

 

Pudo haberlo dicho, Jaroslav, el Sabio:

La creación es fruto comestible

que parte de semilla en arados campos,

y se vuelve semilla

que el viento

en exordios tempestuosos

desbarranca.

 

Un cierre repetido

es una contienda con su génesis.

Créeme, lector:

La última palabra es el poema,

y el poema requiere una teratología

de caza de brujas.