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Canción para el flaco

CANCIÓN PARA EL FLACO

 

 

A Luis Alberto Spinetta, en ocasión de su fallecimientoSpinetta_en_1974

 

(RIP)

Si se nublara el reino del diamante
y, amaneciera en tu piel, volaría al cielo.
Procuro el vendaval entre tus sábanas.
Presiento la distancia que pasó
y apenas lo supero.

Cuando me fui sin decirte adiós
quise decir “te quiero”.

Hermoso es el despliegue de tus alas,
paladar de pimpollo quinceañero.
Ciega estaba,
ciega estaba,
cuando el calor me incautó
y escapé por la ventana
de tu lucero.

La belleza del aura se fugaba
desde un séptimo piso ascensor.
mientras tu cuerpo añoraba
lejos de casa y sin pudor,
sentí que para siempre te perdía.
dolor censor, mi dulce amor.

En esta noche hay brumas que recuerdan
el sitio que dejó tu ausencia fría,
me alejé de vos porque no quería
morir sin compasión
envuelta en la tibieza intermitente
de un cálido y blando edredón
de plumas de serpiente
sin colchón.
Oh, sin colchón.
Cuando el fuego de tu aliento
supo
igual que cerraduras con banderas,
destrocé tu almita, con mis truenos,
abandonando la carrera.
Manual sin instrucciones revertido,
latidos contra el ruido:
abrázame a tu seno acogedor.

Oh, No sé pedir perdón.
Yo no sé decir “perdón”.

Mi reloj atrasaba y no había caso,
sin tu amor.
Las calles eran de espuma gris,
sin tu amor.
La música fue insulsa compañía
cuando vivía en la desolación.
¿A quién culpar del deterioro
si nunca será lo mismo?
¿A aquel primer beso
en la pista de baile,
del bar apostado frente al red bull?
Fuego y abismo contra el mar azul,
me hicieron conocer
tu rostro, tu perfume y esa voz,
canalla por placer,
sentenciada como estaba
por el juez del implacable dictador.

Hoy existen solo sombras
que se esquivan,
realidades que no mienten su prisión.
Milagros no acordados,
en una nueva edición.

“¿Me amaste alguna vez?”
te pregunté aquel día sin rencor.
Cerré mis valijas con púas,
cuando gritaste: “Vos no.
Vos no. Vos no.”

Oh, No sé pedir perdón.
Yo no sé decir “perdón”.

Reclamé tu redención.
El bolso era un gato sobre ruedas,
las llaves oxidadas anunciaban
que el orden del caos.
sería el único final
de esta canción.

Para ver nacer la nueva flor
del color del equilibrio
entre tu incomprensión y mi delirio
tuve mucho que remar
con mi pasión,
partiendo espejos,
destrozando tabiques de cristal.

Si te herí
no hubo maldad
Si yo huí
no hubo piedad.
Trata de no prejuzgar.

Aquí estoy.
De regreso a tu guarida,
esperando una señal.
Mi corazón es un asilo
con defectos de resina
descolorido y quebrado.

Nunca más. Nunca más.
Oh, No sé pedir perdón.
Yo no sé decir “perdón”.

Tu anuencia me tiene en vilo.
Si no me amas, me amarás.

Tal vez, sepas que lo digo
porque vos sos mi Verdad.

 

 

 

Publicado en Antología Internacional de Poesía, cuentos y vos (2013, tomo I)

el cuerno cervantino (soneto)

En el cielo, en la tierra, en el infierno,

los hombres no han mudado su destino.

Nacer, crecer, morir, hacer camino;

juzgar y blasfemar al Dios eterno.

 

Ninguno de nosotros luce el cuerno

del noble caballero cervantino,

que quiso hacer Justicia, mas devino

en loco condenado al pan moderno.

 

¿Quien dice qué es correcto o incorrecto?

¿Quien sabe donde acaba el  buen gobierno?

¿Quien busca con su verso algún aspecto

 

que evoque desde el gran seno materno

el pasado fugaz del insurrecto

o el futuro atestado en un cuaderno?

 

 

picasso_240

Coloreado autónomo sobre una obra de Pablo Picasso.