Monólogo del espectador del alma rota

 

 

 

Monólogo del espectador del alma rota

Hablaré de ti, bella alma rota

por una fuerza  imperceptible,

emergida de la caverna

que te vio resignarse

ante cada nuevo hospicio

de revoluciones postergadas.

 

Alma portavoz, tumulto inquieto,

confrontada a lo eterno

genuinamente rota,

erosionada,

calcinada en encajes

de intereses mezquinos.

 

Alma gruesa, raída.

Alma ignota de marcas ancestrales,

con tatuajes que dudan de las bestias

excepto en lo que sienten peregrinas.

Las olas de la mar envidian

tu insignificancia de giros azarosos,

tu inocencia impecable,

tu corporeidad incorrecta

con alas de paloma.

 

Quisiera ofrecer tiempo para amarte,

enseñarte una trampa fundada en argumentos

que curen las heridas de tu pulso

con salmos o caricias de mis dedos.

Se propaga en el agua

 

una muda consigna hasta la opuesta orilla:

el margen implacable que me aguarda.

Y quiera que,

tal vez,

estés callada y rota,

desgarrada y no henchida de catástrofe.

JEAN PIERRE CASSIGNEUL

 

 

 

Este poema lo escribí hoy, y como suelo hacer, lo iré corrigiendo. Lo que no me interesa es reescribirlo. Reescribir es escribir un poema nuevo. Porque toda la poesía habla de lo mismo, sobre todo considerando la obra del autor un macropoema completo: soledad, muerte, amor, locura, éxtasis, el uno y los otros, y poco más que eso.

Varias veces dije: este es el último.  No deberían creerme a estas alturas. La poesía es un vicio incontrolable y la peor de las adicciones conocidas. Sabemos de personas que abandonaron el cigarrillo, la cocaína, la bebida, el juego… pero no conozco a quien escriba o no, deje la poesía.

Últimamente, a fines comerciales he visto mucho poeta (hombre, mujer o xixi) con poca espalda, publicar una y otra vez su poesía reunida. Si advertimos que son personas en la mitad de la vida, ya sabemos lo que habrá que soportar hasta el fin de sus días y de los nuestros: unos doscientos libracos de obra completa que pesarán ocho kilos, como mínimo y una cantidad de libros que serán regalados en las mesas de saldos para poder hacer la siguiente. Una pena.

Lu

10 pensamientos en “Monólogo del espectador del alma rota

  1. Han existidos poetas muy prolíficos y muy buenos (Bukowski).También de muy escasa producción y muy buenos (Gil de Biedma). Sobre gustos no hay nada escrito, lo importante es que sean buenos. Un saludo.

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    • Por supuesto, Santiago. Los tiros no iban por ahí, sino por quienes con obra prolífica o no, publican su poesía reunida en la mitad de su carrera.
      Me considero una autora prolífica, y lo más lejano a mi concepto de cierre es un libro que abarcara toda la obra creativa. Sería un tocho de cuatro mil páginas. Por eso, trato de revisar, seleccionar y tomar distancia del afán comercial que me aconseja publicar todo y reeditar, no sin antes aparecer en alguna tertulia, lamiendo las botas de algún consagrado.

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