Esa mujer no me quiere

 

ESA MUJER NO ME QUIERE.

 

(Poema dedicado a un amigo que se quejaba por la falta de correspondencia amorosa de una mujer)

 

 

Esa mujer no me quiere.

Lo he intentado todo.

He cambiado de perfume,

de peinado, los hábitos;

me he vestido

como su dandy favorito.

Esa mujer no me quiere.

Ella espera a un príncipe azul.

Me olvidé de la rana

que fui en los charcos del pasado.

Le envié flores rojas,

postales amarillas,

bombones de licor

rellenos de granadina.

Esa mujer no me quiere.

Entremezclé mis caricaturas

en sus paquetes de caramelos.

Le regalé la luna

con cuentagotas.

Le escribí cartas de amor,

de odio,

de informaciones varias,

en cursiva, en gótica, en imprenta,

colgué anónimos mensajes

en sus ventanas y silencios

porque le recordaran mi nombre,

y se dibujara en sus labios

la sonrisa.

Esa mujer no me quiere.

Fueron inútiles los versos pasionales

y la acústica intrumental.

Le fui fiel por naturaleza,

infiel por darle celos,

arañé a golpes el portal de su cuarto,

dejando diabólicas cicatrices

en la madera.

Esa mujer no me quiere.

Caminé por las cornisas.

Malvendí mis caprichos

al viento de agosto

por seguirla.

Le enseñé groserías

a su loro americano.

Leí los libros de su biblioteca.

Esa mujer no me quiere.

Soy alto, joven, guapo y elegante,

según dicen.

Hago deportes. Tengo un gran empleo.

Meneo las caderas al bailar.

Un buen partido.

Esa mujer no me quiere.

Me lo ha dicho mil veces.

-No te quiero.

-No te quiero.

-No eres para mí.

-Véte.

Le compré un anillo de brillantes,

que rechazó sin sorpresa

ni compromiso.

Perdí mis ahorros por ir tras su pastura.

Me arrastré a sus pies, por los países,

me subí a su cima

y naufragué en sus huracanes.

Esa mujer no me quiere.

Muchas bellas mujeres

me adoran,

me asedian expectantes,

me acarician el cuello

con ternura o lujuria.

Muchas bellas,

no tan bellas,

muchas maravillosas mujeres

rubias o morenas,

bajan mis pantalones

con los dientes,

con sensual desparpajo,

me susurran palabras

que guardaré solamente para ella,

la que no me quiere,

para su estéril corazón de arpía…

porque esa mujer,

damas y caballeros aquí presentes,

no me quiere ni me querrá jamás;

pero yo la quiero

y no puedo olvidarla

ni por un minuto.

 

 

en la ducha

 

 

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