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Libertinaje

 

libertinaje

LIBERTINAJE

En el umbral de las palabras,

del lenguaje gestual

o la experiencia

hay una zona gris del pensamiento

en la que mora asustada

la libertad,

con su manía de definición,

su despertar instintos,

sus derechos.

No hay nadie que presuma que ella existe,

ni nadie que descrea que esclavice

con su voz seductora de anfitriona

del palacio sutil de la conciencia,

la vitrina hecha añicos

de la especie animal.

Su excusa y desenfreno manifiestan

que incluye un requisito inexpugnable

en todo amoldamiento;

preconcebir  la inicua  contracara

de la  hermética fe

que la ha prologado,

un vicio del que pocos hoy se acuerdan,

que avanza lento como la hormiguita

atestada de lemas y zalemas,

y  se instala en el nauseoso altar de la inminencia

que prefija  amenaza

insistiendo en vulgares parecidos.

Libertinaje:

Ronquido escandaloso,

la grieta irresponsable,

el brindis de un Satán desvencijado

con frondoso historial  de malas artes,

chauvinismo de una patria que excede

la audaz frontera del conflicto.

La palabra –se ha dicho- no es la cosa.

Pero, ¿cabe dudar que no lo fuera?

¿Es solo el ofertorio de un estado

de plena convicción y raciocinio?

¿Está en el núcleo de la espiga el trigo

o apenas su entrevero imaginado?

Ser libre es ser feliz.

Su pantomima

es el sable que empuña, en la emergencia,

su despropósito.

Libertinaje es visión;

el frenético barro en la cuneta

en que mete su pies el disoluto;

el estado de angustia ante el deseo

de ser el Inmortal superviviente;

el poderoso monstruo

del reglamento aún desconocido.

La libertad está colmada de absoluto.

Es obra de los rangos superiores;

la secreta censura de los labios,

la savia de los árboles;

señal de acercamiento

del yerro y la magistratura.

El libertinaje, en cambio,

sin venda,  por la ley totalitaria,

ofrece tentaciones infinitas,

en la huella perdida  de lo ilícito.

Salgamos en rescate heroico

del sustantivo oculto de sus fines,

cumpliendo una misión de humilde ética,

evitando negar  sus corolarios,

que no por innombrables,

se tornan ilusorios.

Ni lerdos ni perezosos

viaje a Madrid, Barcelona y Almería 082

Ni lerdos ni perezosos

toman  la iniciativa audaz.

Las personas del suburbio

desconocen que hay reglas para todo.

La jactancia es acorde con su edad

por nacer fuertes.

 

Pulsan timbres equivocados

y chiflan de manera subrepticia

cuando alguien los descubre

enjugando un despecho humedecido

con los ojos cuajados del acíbar.

 

Se tiran desde el nimbo

y saltan hacia el ampuloso trecho

en la nave pintada por Del Bosco

cuando exprimen la bilis en el alma.

 

Lo que nunca nadie les ha dicho

fue que el capitán de aquella nave de locura

los conduciría al apocalipsis

por el simple pecado venial

de ser  bribones sin licencia,

cuando intentan  robar a una mujer

en coto de caza ajena.

 

Los huérfanos heroicos con desgana

rematan sus collares  de degüello

tirando su honra extática

a los perros pulguientos de la calle.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El aire que deploro

El aire que deploro

 

 

La calle estaba oscura.

Los alimentos comenzaron a heder

en estado de putrefacción.

Las cucarachas escapaban de las alcantarillas.

y las cloacas desbordaban pus  y miedo.

Llegaron los policías,  gritaron

bum bum

y recogieron las evidencias.

Los ruidos se desplegaron

en el aire que deploro

al fermento de grilletes y de esposas

adiestrando con su modo hierático y ronco

el canto ancestral de sumisión y venganza.

 

El desalojo era total

en la marchita madrugada periférica.

La redada había sido un éxito.

Los sargentos fueron ascendidos.

El destino de la escoria, una incógnita.

La paz restablecida.

Las jeringas esterilizadas.

 

El poder omnímodo anunciaba el descubrimiento

de una nueva droga

para controlar el apetito.

 

 

 

cruzamientos

Hoy mismo (un poema demasiado largo)

 

marzo 2

Foto : marzo 2017 (probablemente)

 

 

Hoy mismo.

En el día tercero de la semana cuarta,

el onceno mes del año dos mil trece D.C.,

17 horas después de la medianoche,

La Real Academia Española

anuncia en Twitter, que ha ganado

el Premio Cervantes la señora:

Elena Poniatowska.

Claro que no agrega, como informa Wikipedia

y  reconoce la autora en entrevista con  Cala

(CNN en español, para que aprendan los siervos

quien manda y quien obedece),

que la oculta identidad de la mexicana,

cortesana de sus Reyes y eminencias es:

Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor,

hija del príncipe Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski,

descendiente de la familia del rey Estanislao II Poniatowski de Polonia—

y de María de los Dolores (Paula) Amor de Yturbe.

Hoy mismo,

después de saber que la premiara

un país que amo con locura,

que me diera la lengua de mi afiebrada infancia,

un país

tan obsecuente y masónico,

reverencial  a las alcurnias,

tan mediocre en su intelectualidad aburguesada,

con pretensión republicana,

pero colonialista,  al fin y al cabo,

un magnífico país de paisajes soñados,

discriminante y terco,

con dogmas insensatos,

repleto de personas buenas,

altivas aunque nobles,

un país primordial,

enamorado de Argentina,

un país

que es más nuestro que el dulce de leche,

un país

al que llamamos Madre Patria,

y que nos duele ver  arrodillado a otra monarquía

cuya reina se cree la Reina Isabel,

y es la Jefa de su Iglesia,

mientras su ardiente hijo quiere ser el tampón de su amada,

demostrando su lado más erótico,

de fe pasional y romanticona,

el príncipe que ansía abdicar de variables y derivadas

para vivir en armoniosa compañía

con su eterna Camila,

con sus hijos que son hijos de Diana,

la cazadora,

y  sus hermosos nietos,

montando animales  pura sangre,

en un grupito de  islas rodeadas de continentes,

con clases sociales conspicuas y tiránicas

como castas hindúes dominantes;

como les decía,

hoy mismo,

merced a esa feliz casualidad de la vida,

descubrí que la libertad

no es potencia de pobres amañados,

ni de cultos con silla numerada

en las aristocracias plebeyas.

La libertad se llama: “No me importa”.

Leeré lo que me gusta.

Haré lo que me plazca.

Escribiré a mi modo.

La libertad se estira con la risa

que señala a los tontos del sistema

con orejas de burro

de otro “burro peruano en el Perú”

La libertad no calla ni murmura.

Se da el lujo de ser privilegiada,

por pertenecer a una estirpe de cruz roja,

con blasón de paz en los corazones;

y entiende bien por qué adulaba a Elenita

tanto necio que impone su criterio,

para bien de los consumidores

y beneficio rentable de sus negocios empresariales.

Hoy mismo,

está a la vista,

he renacido con palabras.

El mundo se refleja en mi ventana.

Las nubes blancas se agitan revolucionarias,

como si estuviera a punto de llover

y, sin embargo, sale el sol con nuevos bríos,

para tostar la piel de los enemigos de Palacio.

Los Borbones me adoran.

Merci beaucoup.

Los rabinos apuestan  a mi favor y en contra,

festejando cualquiera sea el resultado de la taba.

El Vaticano tiembla.

Las sectas y las mafias están sudando tinta

en legajos amortizados y expedientes secretos.

Francisco es argentino y jesuita.

O lo que es igual de opuesto por el vértice.

La máquina de Dios desacelera:

Quien quiera podrá ser, hoy mismo,

dueño del Futuro en el Pasado.

Avellaneda, 19-11-2013

Anáfora

ANÁFORA.

ANÁFORA.

Hasta que seamos sensatos.

Hasta que la gente lo entienda.

Hasta que aprendan a respetarse.

Hasta que las velas no ardan.

Hasta el día en que caigan rayos de punta.

Hasta que llegue el Mesías.

Hasta que Dios nos avise.

Hasta la noche de los tiempos.

Hasta el domingo que viene.

Hasta la vuelta.

Hasta que digas lo siento.

Hasta que cumplas tu promesa.

Hasta el año próximo.

Hasta que haya democracia legítima.

Hasta que me den el Premio Nobel.

Hasta que se termine la plata.

Hasta siempre.

Sinceramente.

Hasta la médula.

Hasta nunca.

Hasta que haya paz.

 

 

 

 

Lu

 

Hoy me sorprendió gratamente encontrar este antiguo poema de Premio Consuelo para… mencionado en un blog de  Figuras literarias.

 

 

El galpón de la memoria

 

En el galpón de la memoria

hay

una fatiga espesa, aunque indulgente,

apoyada contra un disco rayado de Larralde:

La Pasto Verde,

cenizas de cadáveres anónimos,

una tapa de Crónica

según la cual:

murieron “tres personas

y un boliviano”.

Hay una silueta borrosa

en el umbral,

varios colmillos de elefantes blancos,

dos bicicletas de gomas pinchadas,

una paleta de acuarelas que ya no uso,

algunos caprichos de antaño, muy bien vestidos;

esa muerte lenta del ayer:

una escupida en seco;

telarañas que se vadean,

creando extrañas mamushkas de porcelana china;

y más cosas de alfarería exótica

que en psicoanálisis llamarían “el desván”

y puede traducirse en dos palabras: “el olvido”

El olvido,

como una espigada carroza

de torcido algarrobo

dispuesto a subirse a los capiteles

del hermético cielo bonaerense.

 

 

que-significado-tienen-las-mamushkas