Archivo | octubre 2017

Stella Maris

STELLA MARIS

Descalzo por la playa
el hombre plateado la huele.
Está su riego de agua
en el aire marinero
y en el ruido vertical de las olas.
Es el eclipse de sol
del mediodía que lo aturde
y le quema los pies.
Atavío de mujer caracola,
Stella de navegantes solitarios
con huesos de vapor
luciendo alegorías.
Mejor no pensar más.
Le dará
hambruna de besos de lengua
y tendrá que volver a consolarse
con la página en blanco,
su retablo de duelos.

Poema del libro Acuario Plateado por la Luna.

Retablo de duelos es mi primer libro y página en blanco, el primer poema (Fin y Principio

 

 

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https://lafolino.wordpress.com/

 

 

Hoy retomo un blog que inicié hace años para escribir comentarios, editoriales, debates y temas relacionados con el mundo poético, social, psicológico y naturalmente, político.
Somos animales políticos (Aristóteles dixit y dixit bien).  Quizás podamos fundar un nuevo modo de interpretar el mundo.

 

Este espacio lo inicié hace años  a raíz de una invitación de Radio Sarandí para compartir una columna semanal.  La presión ejercida por el entonces y actual Intendente del distrito al que pertenece la ciudad de Sarandí, Avellaneda prohibió que se transmitiera, bloqueó la salida de internet y no quedó registro de mis palabras de mi primera y última presentación.

 

Pude sí, recuperar el texto que subiré a mi otro espacio, para dejar este sitio de poesía libre de contaminación, porque en materia política hay tantas opiniones como personas y nuestra obligación es consensuar un futuro posible para nuestra civilización, sin extremismos ni viejas ataduras del pensamiento anacrónico.

Buen domingo.

Hay un problema conmigo

HAY UN PROBLEMA CONMIGO

 

 

 

Verdaderamente, debo admitir

que hay un problema conmigo.

No sé bien cuál es, ni sé por qué.

Trato de dilucidar la cuestión

sin éxito y sin fracaso.

No existe una respuesta prematura.

Hay un problema conmigo.

Una molestia visible y embarazosa.

Mis amigos son corteses, pero me evaden.

Mis enemigos son infames, aunque me adulen.

Los lerdos me envidian.

Los extraños no me reconocen y crepitan.

Está todo bien, y de repente,

oigo el cuerno de De Vigny,

“En la tarde, desde el fondo del bosque”

y el cuerno se vuelve papel picado,

mascarada bajo la lluvia,

precio,

deprecio,

aprecio

superficial y agudo

queriendo advertirme que no hay retumbos

ni perversión ni desventura,

tan solo una existencia penosa

en la que hay un problema conmigo.

Los candados no cierran a la hora indicada

y la celda que ocupo se torna pegajosa.

Los relojes aparentan atrasar en su rauda carrera.

El teléfono suena como una alarma seca

y los grilletes de los regimientos

parlamentan desde una distante verbosidad

armoniosa, profunda, enajenada,

como si fuera yo un rey sabio o una idiota rimbombante.

Nadie es natural, naturalmente,

con los viejos desdichados ni con las eminencias.

La atmósfera se ha enrarecido

con lecciones de gramática

en quemadores de alcohol,

y ventas al menudeo

de abundantes autores de poemas,

de estética consagrada

hasta la desesperación.

Odio los timbres, las locomotoras,

los discursos presidenciales

en cadena nacional

y los premios arreglados.

Odio el temblor de los enfermos

y la felicidad de los ingenuos.

Hay un problema conmigo:

un caballero me ama sorda,

inconsolablemente.

Va soltando pétalos en un valle de cristal

igual que un águila herida,

desangrándose

semejante a un trapero de pasiones.

Mi indiferencia lo abate y entristece.

Nada puedo hacer.

Porque no sé si les dije:

Hay un problema insoluble conmigo.

Hay un vacío que no admito subsidiar.

En la soledad aguanto y discurro.

Hay una sombra

que se persigna irreverente ante mi cuerpo

con las alas rotas y la lengua balbuciente

de los neuróticos convulsos.

Hay un pedido de auxilio evanescente

que parte mi cabeza en cuatro,

cada dos por tres,

cuando el hombre de los mil pétalos

me bautiza y me reclama

y no estoy para él

puesto que exige mi manumisión.

Hay un problema conmigo.

Hay un problema

que no muestra pretexto ni escapatoria.

Hay un problema conmigo.

Lucía Folino.

(8-09-12)

Publicado en VENAS AL MENUDEO.

 

 

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Vanitas vanitatum et omnia vanitas. 

Vanitas vanitatum et omnia vanitas. 
Eclesiastés.

 

Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
Antoine de Saint-Exupery

El círculo de las vanidades es el centro del anverso
en la hoguera funeraria de los tropos del poeta.
Los descendientes de Erate queremos punzar el miasma,
extirpar la moral profanada por el pánico y la lujuria
insensata e insolente,
en una vivisección rigurosa,
trepanar los cráneos
del perverso crimen organizado;
con escalpelo, gubia o ganzúa,
con las llaves del infierno,
con bigote en desuso,
con riñones en la mano,
con registros barítonos
ansiamos lo imposible.
Queremos horadar al sonámbulo,
al anestesiado,
al cínico,
entrar en sus cabezas hueras
si no corre sangre en las arterias
de esos seres despreciables del damero,
ayuntados en coitos frenéticos,
mezquinos de mezquindad absoluta,
obstinadamente taimados,
tacaños de espíritu por definición de sombra.

El círculo de las vanidades no es pequeño
se expande cada día en un universo
que no se expande,
que gira y gira alrededor de un sol
que desconoce,
que han llamado Big Bang, que gira y gira a su vez,
alrededor de otros soles
u otros universos
que también desconoce el dogma del ateo;
espacios de dioses eternos, que juzgan o que juegan
y nos donan una libertad que los avaros cantan
por gusto del dinero esclavista
pero son incapaces de sentirla.
Alguna vez sabrán, estas comadres inopinadas
si es que no mueren
persistiendo en sus errores,
qué significa la idea de la palabra Dios;
cual es la velocidad de la luz,
que –les voy tirando un dato-
es redonda y se mide en cálculos pitagóricos.
Ni con esa pista
adivinarán lo que quiero explicarles.
No se esfuercen.
No diré más.
Es inútil perder el tiempo,
que en la realidad no existe,
con los miriápodos
de cien pies enlodados, sin alas en las anclas,
Hay poetas afeminadamente premiados
que firman algunos versos
como propios,
pequeños poemitas robados al azar
de aquí o de allá,
con ánimo de lucro.
Van por ahí jactándose de ser artistas malditos,
revolucionarios encapuchados,
rompe huesos de las reglas
engalanados con trencitas de oro.
No son malditos por ese menester.
¡Qué bah!
Son benditos del sistema mercantil
que los apaña.
Hijos de la miseria que provocan
con su exquisita soberbia de elegidos.
Mancomunan
aplausos, medallas, abrazos,
y cobran mucho,
mucho,
lo que debiera darse gratis.
¿Es eso el Avangard de la vanguardia?
¿Es esa la mística religiosa, persuasiva
que escogen para ser insectos?
Atestado está el planeta de repetidores del Dante.
Es hora de dejar las antiguallas perezosas
y marchar hacia el
Res non verba.

Mis directores

Mis directores.

De Spilberg el engaño a los conejos,
El Imperio del Sol de su eficiencia,
de Scorsese la edad de la inocencia,
con el Toro salvaje y sus reflejos.

Fellini es La ciudad de las mujeres,
Amarcord de la vida del artista,
Luci di varietà de la entrevista
por Ginger y por Fred con sus poderes.

De Woody mi Annie Hall y mi Septiembre,
Mi sueño de seductor sin Elisa,
Danny Rose los maridos que mi Prisa,
Robé, huí y me pescaron en Diciembre.

De Pedrito Calzado en Calatrava,
Átame, Kika mía en tus Tacones
de la Ley del deseo de putones,
y mi madre, joer que se asustaba.

Se atraviesa la saga de El Padrino
Sobre mi corazón de Chinatown,
Peggie Sue se casó con este clown
que es el Drácula de su infiel destino.

El teléfono rojo del gran Kubrik
me hizo señas detrás de una Lolita,
La naranja mecánica me grita
que no la encubra en manta bajo un nick.

Camellos de Spike Lee y un trompetista,
La mujer de mi fiebre del ultraje,
¡Cuánto más gris, ¡mejor! era mi traje
más negro era mi Malcom sesentista.

Rosellini, Juglar de Dios por nuestra Europa,
de Stromboli, la cuna de mi musa,
Roma, Ciudad Abierta e inconcluso

reventa de mi Sócrates sin ropa.

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pasaporte 2007
Comparto la foto de mi pasaporte (2007) porque acabo de renovarlo y el tiempo no perdona ni el color del cabello.

Reconstrucción

“Love to tell stories with my photos. It’s an addiction…” – Adrian Sommeling.

 

Trad: Amo contar  historias con mis fotos. Es una adicción. A.S.

 

 

 

 




El poema apuesta a que Dios, 

lejos de estar en la Palabra, es Palabra.

Sea Palabra y Resurrección.

              En nuestras vidas terrenales la noción divina resulta una espiga de humo.

                                   

La gente pelea para imponer a su  propio “dios” como el verdadero. 

Del otro lado, sin embargo, habrá  el mismo para todos.

 En el absoluto DIOS.

Ni nubes ni torrentes.

      ni politeísmos que insuflan religiosidad a la Luna o al Sol, 

       ni monoteísmos  ni Zeus, ni Yavhe, ni Cristo, ni Buda, 

ni alcurnia, ni personificados con alas.

Son estas las imágenes que necesitamos como seres humanos 

para consagrar algo que escapa a toda lógica 

y por las que inventamos adjetivos que apresen la idea, sin éxito alguno. 


       Dios existe en el no comprender su existencia.


Su más allá cercano.

 

 Definirlo es imposible.


Afirmar su negación como verdad absoluta, intolerable.

                                                                   

 ¡Qué vergüenza! 

Los poemas no deben explicarse  

Tu lectura siempre será la justa, porque es tuya. 

                                                     

Subvertir para la reconstrucción. 

Al menos, lo intentamos.

 

9.- Nam myoho renge kyo

 

 

La posterioridad no nos distingue

de la cabeza degollada del criminal astuto.

 

La diabólica serpiente desaparecerá

junto al cuadro de rostro angelical

que has elogiado en los museos.

 

Desaparecerán los idiomas concebidos,

los cuentos de sirenas,

la milagrosa redención de los benditos

como  latosa cantinela

de la solemnidad.

 

Queda la magia de pensar

que seremos inmortales

en las onomatopeyas prescriptivas del cosmos.

 

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