Hijuela

 

Hijuela                                            

              

Quien participa en el caudal del polvo,

que heredamos los nietos del dialecto

bajado de los barcos,

en tercera,

con los bolsillos llenos de promesas

que atestiguan  carencias y pudores,

exhorta al escozor;

igual que los turbios rescoldos

de brasa refractaria a las pasiones,

que queman con su fuego el vaciadero

del anticuerpo inmune,

que debe  restañar la herida

vacilante

del amor circunscripto a postulado y

prestidigitación.

Somos simples tablones de los aserraderos,

con diferentes tintes y tamaños.

Para construir muebles, hemos matado al árbol.

Para sembrar el árbol, mordimos la semilla.

La semilla del fruto,

despojado de su carne mollar,

nos dará sombra,

mientras nosotros aprendemos

a enunciar oraciones

gramaticalmente incorrectas,

invirtiendo en lunfardos de lenguas populares,

pagando en efectivo las minutas,

la hijuela que nos venda y que recubra

la flema y la paloma.

Hemorragia insensata por doquiera:

Adquirimos vocablos que nos sirven

para denominar al dios Ob-Servador,

adjetivo poético de Júpiter.

La fuga de cerebros ceñida a los estrados,

donde la hijuela rompe un inventario

de  bienes y de ruinas,

es una fórmula cargada de triquiñuelas,

de evasiones que desplomaron

a contraluz

su correlato:  Zona franca.

Agrura esclavizada entre evidencias

de “los descamisados de alpargatas”

y  blondos “nenes de mamá”

que recitan discursos rutilantes,

importados de Cuba,

fabricados en las mismas tienditas

del macarrónico mercado

que exporta bancos,

tiempos de  hamburguesa,

malestar, dioses, mimos, cocaína,

resonancias de Hollywood,

guerra virtual, bufones,

hecatombe,

sexo, trompeta,

saxo y clarinete.

Un mundo amarillento,

adoctrinado

por propaganda y lluvia a goterones,

con gemidos de turba

que rastrea al bisonte de Altamira,

y enjuga testamentos como ofrenda.

Juntos hemos creado los abismos

más horrendos,

que separan  al ángulo y su espejo.

Juntos van a pastar nuestros futuros,

que marchan juntos,

con una mano atrás  y otra delante.912374

 

 

 

Museo de la guitarra, Almería.

4 pensamientos en “Hijuela

  1. Hola Ruben. También vivo en el Gran Buenos Aires (Avellaneda), y la verdad es que no cocino para mí. Compro en la rotisería… jajajajaja. A veces sí, hago unas buenas pastas o un exquisito risotto.
    Saluditos.

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  2. Hola Lu
    También yo desciendo de los que descendieron del barco de ultramar.

    No se si de la tercera o de la cuarta.

    Pero aquí estamos y aquí nos hicimos. Soy porteño de nacimiento y de corazón.

    Hoy vivo en el gran Bs As, y me cocino solo. Pero sin dramas económicos.

    Saludos
    Rubén

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