Archivo | mayo 2017

El nido del zorzal

zorzal

Ilustración propia. 


El nido del zorzal

 

 

 

Hay un nido en el árbol de la calle

de un zorzal que escapó de su refugio

dejando  su reclamo a la intemperie.

 

Silbaba con pasión

cuando nosotros lo espiábamos

señalando su rojo vientre

de secretos clandestinos.

 

No quiero hacer metáforas avaras

ni quiero compararte con el ave

que abandonó su casa.

 

Espero tu regreso hasta la vuelta.

Nunca has sido el amante del invierno

y tus alas buscaron un sol nuevo.

 

 

 

Si pulsas en el nombre del poema podrás escucharlo:

 

Nervio

 

 

 

 

NERVIO

¡Oh! Impulso de callar;
sapiencial impulso vocativo.

Nervio que no apagarás
con sílabas arrebujadas
como granos de choclo en la mazorca;
combate entre la mente y el cuerpo,
que termina a modo de guerra,
en bombardeos y explosiones inútiles.

¡Oh! Impulso de callar;
debilidad de los aficionados.

Poema extraído del libro “Retablo de duelos” de Lucía Folino,  publicado por Editorial Dunken.

Canción para Mercedes

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Gladys Osorio (Tucumán, 9 de julio de 1935Buenos Aires, 4 de octubre de 2009), conocida como Mercedes Sosa, fue una cantante de música folclórica argentina, reconocida en América, considerada la mayor exponente del folklore argentino, cumbre de la historia de la música folclórica de Argentina y una de las principales e infaltables cantantes de la música popular de Latinoamérica. Se la conoce como La Voz de América Latina.

Fundadora del Movimiento del Nuevo Cancionero y una de las exponentes de la Nueva canción latinoamericana. Incursionó en otros géneros como el tango, el rock y el pop.  Se definía a sí misma como «cantora» antes que «cantante», siendo una distinción fundamental de la nueva canción latinoamericana de la que ella fue una de las iniciadoras: «Cantante es el que puede y cantor el que debe» (Facundo Cabral).

Canción para Mercedes

 

 

 

 

 

De las Mercedes Señora,
Generala dadivosa.
El pueblo honrado te llora.
.No lo dejes sin esposa.

No te quedes silenciosa.

Gracias dimos a la Vida
mamando tu libertad;
hartos sin sed ni bebida;
purgando tu soledad.

Penando en la oscuridad.

Cansada de vivir
se fue la Negra Sosa
¿Nacer para morir?
Por´ai anda la cosa.

Por´ai anda la cosa.

La voz de su garganta
tronó en los corazones.
La boca que le canta
no comprende razones.

Nos faltan las razones.

A la tierra de Alfonsina
vas noctámbula y gloriosa.
Queda huérfana Argentina
sin tu copla, Negra Sosa.

Ay, negrita generosa.

Dulce emoción voluptuosa,
Leyenda viva y famosa
Proezas, lunas y amores
bordan tus trinos cantores.

Mercedes, mi negra Sosa.

Mercedes Sosa, señora.
Mercedes Sosa, señora.

Utopía

Utopías

Explícame, por favor, la Utopía;
esa especie de accidente de la libertad extasiada,
apenas perdida de vista por la emoción del aplauso.

Explícame el territorio que ocupan el real y el absurdo,
vago punto de apoyo consternado
que no deja de mirarnos a los ojos
y va creando una obra de arte casual
con nuestros cuerpos de barro y agua.

Serán menester muchos escultores sin cabeza,
con vigor y dignidad de consagrados
para arrojar los pedazos al río
cuando esté seca la tinta
que nos cubra y nos desnude
por segunda vez.

Canción de las palabras

 

Se puede escuchar el poema pinchando aquí.

 

 

 

 

Canción de la palabras.

Las palabras son

como agüita de nieve,

desleídas y breves.

Las palabras que huyen,

diezmando los desiertos

del valle de los muertos,

son faldas de mujer

con sus medias de seda,

caprichos en la greda,

consuelos del placer;

elipsis de los gestos

del mundo manifiesto,

tablones, estaciones;

las palabras dormidas

nos sanan las heridas.

Luego dicen que son

banderas del destierro,

cantar del Martín Fierro,

los signos y las cruces,

motivos, taquicardias

del ángel de la guarda;

mentiras acuñadas,

asaltos, sinrazones,

desmanes de pasiones.

Hay palabras de alarma.

Palomas en guitarras:

las palabras canciones.

Apenas si suspiran,

susurran, se estremecen,

como niñas pequeñas,

o embisten, palidecen

los peces del estanque,

trigales como flechas

mecidas entre guantes.

Se guardan opiniones,

lenguaje de las señas,

anunciando cigüeñas

adolecen razones

como negra tormenta

violenta, muy violenta.

Inventan brusquedades,

ñoñerías, causales,

resucitan edades,

y sobre todo, cuentan

de briznas y abalorios

del vago Purgatorio,

igual que las verdades

que hostigan vanidades;

embriagan los colchones,

asustan corazones,

incordian los conventos

de brujos de descuento,

la barca de Caronte,

el fuego de Anacreonte,

manías del invierno;

incienso del Infierno.

Las palabras escritas,

pañales de bolsillo,

son cerillas lejanas,

cabañas, espejismos,

y mientras mansamente,

palabras son palabras,

enrojecen la mente

del juego de uno mismo.

PALABRAS

Los treinta y seis piadosos

LOS TREINTA Y SEIS PIADOSOS
(LAMED VAV TZADIKIM)
Subiste al Monte
Sagrado de las revelaciones
para abrigarme del pecado mortal.
Fuiste mi escudo,
cuando la dureza era una urgencia
y el deceso una trampa;
clamé  tu nombre
y llegó hasta tus oídos dignos
de otra suerte
mi voz como un torrente;
y el cielo con su engaño,
nos cobijó en resplandores
altaneros.
Gracias, Señor.
Treinta y seis piadosos se erigen
en jueces
y adiestran su espada
desdeñando las fortalezas
y debilidades del reino.
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Ilustración abstracta sobre mi poema.

Griegos y romanas

Griegos y romanas

 

 

 

Como un borracho que entra sigiloso

al bar donde lo esperan sus colegas,

víctimas de ebriedad desesperada,

entró tu corazón por una puerta

al centro de mi noche independiente.

Tal vez, te pareciera ser obra de Dioniso

querer enamorarte

de una fría vestal con pies de plomo.

Yo sé que resultaba alucinante

que de golpe dijera:

“Hay cuarteles de invierno en los instintos”.

Te cubro con total indiferencia

de besos a distancia.

Mi esperanza fue rota hace milenios.

El mito nos separa.

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