Secuelas de una decepción amorosa

 

 

 

 

Secuelas de una decepción amorosa.

Aliso mi encrespado pelo

para ir a una cita a ciegas.

Mi representante me augura el éxito,

guardo silencio y miento una mueca de aceptación.

Me pongo medias de lycra de fina trama,

un collar de perlas semi-legítimas,

un vestido ajustado,

un talle menos del que me correspondería

por peso y edad.

Mi atuendo

negro como un carbón ya calcinado,

igual que me siento cada vez que experimento

desquitar el pasaje, que se esfumó entre volutas de humo

y reproches sin sentido.

Negro como la cólera que se disimula

y se aloja en el páncreas,

siete días a la semana, por la  madrugada.

Negro noche, noche rebelde lejos de vos,

con el recuerdo candente de tu cuerpo

en otro sitio.

Transparente, ceñido, corto, negro.

No puede usarse otro color

en estos asuntos.

Apuro el maquillaje imperceptible

que cubre mis pecas

y endulza mis arrugas

mientras tomo una copa de ron

para detonar el coraje.

Derrocho perfume francés,

comprado en cuotas, con tarjeta,

y conmino mi exceso de imprudencia

con una suave reprimenda.

Iremos al restaurante más caro de la city porteña.

No cabe la menor duda, al respecto.

Cambiaremos pocas palabras

y casi ningún beso.

¿Qué otra opción podría tener?

“Me gustaría estar en Dubai,

dicen que es fabuloso”,

comentaré como al descuido.

“Pórtate bien y te llevaré algún día”,

responderá el nuevo con afección.

“Mis viajes de negocios pasan por ahí

a menudo”.

“Además, si dominas el inglés

me resultarás útil para atraer

a mis potenciales clientes”.

¿Habría una segunda oportunidad

para nosotros,

de historias trilladas hasta el hartazgo,

después de sentir el frío que hiela el esqueleto

cuando los negocios van bien,

y el caballero español que nos corteja

ganó su lícita fortuna

asociándose a  un casino clandestino,

rifando su decencia política

y traficando influencias con malandras?

De mi libro: Venas al Menudeo (publicado en Buenos Aires, Argentina, 2015)

secuelas

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5 pensamientos en “Secuelas de una decepción amorosa

  1. El desastre de la primera cita, sólo se arregla con una segunda. si es que hay coincidencia o con una copa en la mano escuchando música en casa si no la hubo, me parece que ese caballero español es un capullo. Un beso.

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