Miscelánea

Miscelánea

Estoy fuera de lugar. Me doy cuenta.

Aprovecho la indiferencia anómala

para abrirme al susurro de una fuente

y regar los jardines de mi casa;

para dar largos sorbos al anhelo,

cambiar el paso troceado

en tácita angustia,

y sonreír sin ganas.

Presumo de

menospreciar los embates del viento

que cambia dirección, música y viaje,

y aguanto  el dolor que no se calma en oraciones.

Pellizco

un montón de miradas  inservibles,

archivadas en algún sitio voluble.

Las atrapa el colmillo de la bestia.

La muñeca de la mano, rota,

no puede escribir versos olvidables

y crecen cicatrices como hongos.

La torre del ajedrez

envuelta en llamas de misericordia

danza con sus siete velos

y se enroca

en sábanas de colores arruinados,

torcidos,

desgarbados.

Desde mi plataforma otoñal

un toro rojo

no sale de su asombro

e invoca su plegaria.

No hay salvamento para esta mitad

desarmada,

desamada,

que se inclina sobre el rocío

y, sin discernimiento, administra el llanto.

Es mi holograma de sombras el que disloca

cascadas de aguas tan profundas

que contrastan con la Garganta del Diablo,

cataratas en la que caben mis huesos

y mis despiadadas misceláneas fiduciarias

que esperan tu regreso

con fiebre de presidiario inocente

en vísperas de rigor mortis.

 

 

Poema publicado en mi libro:   Venas al Menudeo.

 

talleres-para-ninos-en-Santos-Ochoa

 Ilustración tomada del blog del Taller para niños Santos Ochoa. 

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8 pensamientos en “Miscelánea

    • Claro que sí, María. No es cuestión de edad ni de lecturas ni de conocimiento sino de apreciar el sentimiento íntimo de angustia que muchas veces no revelamos a nuestros seres queridos y sin embargo, fluyen en la poesía de un modo inconsciente. El resto es técnica y literatura.

      Me gusta

          • No recordaba que el día que escribí este poema me había caído en la calle y me dolía mucho la muñeca. No le di importancia, pero como el dolor de la articulación era fuerte no se pasaba fui a ver a un especialista que me dijo que me tenía que sacar una placa urgente pero que pensaba que me tendría que poner un yeso o entablillar la zona.
            Hice mis ejercicios de autosanación con la esperanza de que el diagnóstico fuera equivocado. Me saqué la radiografía de inmediato y cuando la fui a retirar -me llamaron para que lo hiciera lo más rápido posible- la radióloga que la vio me dijo que consultara con otro especialista porque no tenía absolutamente nada roto. El dolor se me fue solo a la semana siguiente y el médico debe estar esperando todavía los resultados del examen.
            Un año después revisé el poema, publiqué el libro y me olvidé del incidente hasta hoy que lo releo con otra mirada por tu comentario. Cosas de la vida.

            Le gusta a 1 persona

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