La sin rostro

Edgar Degas. El baño de la mañana (1890).

LA SIN ROSTRO.

La sin rostro acomete de tropel la bañera;

su piel encantadora: marfil que resucita

las venas, que se enmarcan por el gozo que espera

del morbo hacia el deleite, placer de estagirita

por motejar en sueños la voz de la sordera.

¿No ves que sus cachetes tremolan de alegría

por amor a las olas que sin prisa se exhiben?

La niña es un retrato de aquel que le decía

-encendiendo tizones de los que oteando viven-

que tirara sus ropas de rebato a porfía.

El pecho está a la vista de un cielo que especula

con doradas colmenas de sales presurosas.

Acaso el hombre ardiente que mira y la fabula

con cálido arrumaco la envolverá entre rosas,

pináculos letales de avariciosa gula,

su vara bien enhiesta,

a la hora de la siesta.

Lu
Escribí este poema para el blog Antilógicas de clarin.com que ofrecia una serie de desnudos artísticos.  En ese espacio conocí a maravillosas personas, que ilustraban cada entrada con reflexiones críticas sobre el arte. Entre ellos, Ebe Cane, argentina radicada en New York  (DEP).

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