M. A. Bastenier (DEP)

No haré una crónica literaria porque no me resulta fácil escribir cuando el sentimiento de tristeza obnubila mi mente.
Estoy muy triste.
Murió el maestro de periodismo MIGUEL ÁNGEL BASTENIER @MABastenier, con quién tuve un cálido vínculo, y que con su delicada caballerosidad tuvo la deferencia de seguirme por twitter, debido a la gran admiración que siento por él.
Leía todas sus editoriales, estudié en la UNDAV con sus libros.
A sus 76 no abandonaba su vocación y aún a sabiendas de su enfermedad (que muchos ignorábamos), seguía aprendiendo día a día y enseñaba desde el ejemplo impecable.
 
Tenía varios títulos universitarios y era de una claridad y precisión envidiables por exquisitas.
 
Una vez en la que me quejaba de las faltas de ortografía con la que escriben nuestros redactores argentinos me dijo una sola palabra que me confortó y enseñó a ver la realidad de otro modo. Le pregunté ¿qué podemos hacer para que dejen de incurrir en errores tan grotescos -me refería a la acentuación equívoca de palabras que hace años perdieron la tilde- y me contestó: REZAR.
 
Le prometí llevarle de regalo mis libros de poesía en cuanto viajara a Madrid y se mostró tan encantado como si yo fuese Vargas Llosa. Él amaba la poesía aunque no sé si habrá escrito poemas alguna vez.
 
Después me advirtió que no corrigiera a nadie en público porque en lugar de verlo como un acto de generosidad o amor les iba a provocar fastidio. Que hiciera lo mío sin imposiciones y le brindara mi asesoramiento a quien así lo pedía.
 
Me costó entender esas palabras porque no me resigno a la educación paupérrima de los argentinos, cuyos intelectuales usan la Feria del Libro para pedir subsidios y quita de impuestos en lugar de profundizar en el estudio de las problemáticas ante la aparición del mundo digital. Sin embargo, empecé a hacerle caso.
 
Una vez le dije “@MASTERNIER” por su calidad de magisterio y sintió que era una adulación desmedida y me lo hizo notar. Así de humilde y grande era. Y por cierto, sabía cómo somos los argentinos con nuestros ídolos y no lo tomó a mal, en absoluto.
 
Hace poquitos días murió su gran amigo y colega Joaquín Prieto.
RECEMOS POR ELLOS.
 
Un abrazo grande a la comunidad de El País, con quien tantas veces he discutido y que en momentos como este nos sentimos más unidos que nunca.
 
 
Lu
Anuncios