La tos del invierno

La tos del invierno

 

No hemos tenido casa para amarnos,

ni camas con muñecas

ni guiños contumaces

ni teléfonos propios de manos libres faltos.

 

No guardamos el hielo en blancas cubeteras

ni puñales filosos de playas conquistadas.

Nunca hubo un loro en los balcones

ni préstamos tendientes a excomunión de murgas.

 

Jamás hemos gozado

blondos lechos nupciales

ni canciones remotas de progenie.

 

No hay belleza convulsa

en bocas insensatas condenadas a un santo.

 

Navegante del aire

con rostro abandonado en el mármol del ágora

de regiones distantes:

Devuélveme la fe por la palabra Amor,

ausente con aviso en las trenzadas vías

de las enciclopedias del pecado.

 

Enséñame a escribirla,

vocal con consonante, dos veces repitentes.

Mi papel está en blanco proclive al esperpento,

igual que un folio de noticias,

escrito en otro idioma de incomprensibles signos.

Por la tos del invierno:

cultívame la duda y la esperanza.

 

 

 

images

 
cubeteras: argentinismo por “cubiteras”
repitente: americanismo por “repetidor”

 

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2 pensamientos en “La tos del invierno

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