Los juegos infantiles

LOS JUEGOS INFANTILES.

 

-Veo-veo…

– ¿Qué ves?

– Una cosa –

¿Qué cosa?

– Maravillosa

– ¿De qué color?

– Rosa –

¿Podrías decir su nombre?

( juego infantil )

 

‎ Wifredo dijo: “Dadme, señor, un blasón para mi escudo”

 

 

 

No perteneces

por una sencilla razón:

No perteneces.

No hará falta que te busques.

No estarás.

No te encuentran.

No te ven

aunque te han visto.

Remaneces tal Águila de Patmos

para mirar al sol en la amargura

y desfalleces,

por violencia imperial

de la reina Castellana,

en el turbio ostracismo de la lengua.

Este tiempo no es tuyo.

La soledad te acorrala.

Se nutren con tu sombra

cimbreante e inflexible

yugo y flecha,

pan y vino.

Bullentes como esclavos en el Purgatorio

te hostigan y persiguen

toreros y espectadores,

temblores y huracanes.

 

Poesía debe ser

tomar riesgos y asumir las responsabilidades.

Elijo para hoy

una definición jurídica

(por el carácter deontológico de lo que debiera ser)

 

Y el coro está contento.

Ah… las redes sociales.

Anodinas y extravagantes.

¿Qué haríamos sin ellas?

Cualquier parecido con la realidad

no es mera coincidencia.

Leer un poema

sin la biografía del poeta

es algo abstracto

que excede nuestra capacidad

para elogiar o callarlo.

Tratamiento terapéutico de Martes:

Recién cumplido.

La guerra es la guerra.

A veces,

la Poesía es un chiste malo.

 

 

 

Lu

 

 

La ilustración es mía.
pecamos

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5 pensamientos en “Los juegos infantiles

    • Estoy contra la corriente mayoritaria -¿cuándo no? que afirma que al poeta se lo descubre mejor a través de su obra. Lo primero que investigo cuando leo un poema es la biografía del autor, para situarlo espacialmente, para leer mejor su psiquis, quiénes son los autores de quienes mamó, qué ideología política los ubica de un lado u otro del corredor de poetas oficiales. No es lo mismo leer poetas cobijados por la red cultural instituida por el poder que leer la poesía de quienes se arriesgan a vencer los prejuicios y con ese valor escriben su obra. No es que me guste la poesía catártica, no. Para nada. La autobiografía y los sentimientos en caliente dejan un tendal de malos poemas. Pero también ha construido puentes y caminos que nos condujeron a la madurez lírica. Nuestros estilos contemporáneos son estilos de fusión, porque nunca se accedió a tanta información y lectura de obras poética como en este tiempo en el que las redes concentran y despliegan más obras que cien mil bibliotecas. ¿Hubiera podido escribir Borges sobre su ceguera sin ser ciego, hiriéndonos con su dolor compartido con los grandísimos Homero, Milton, y otros poetas en su misma situación, que él se ha ocupado de recoger en sus obras, como una estela luminosa que los reúne a su alrededor?
      Alegrémonos: El Aleph está aquí, y es también ahora.

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