Hoy mismo (un poema demasiado largo)

 

Hoy mismo.

En el día tercero de la semana cuarta,

el onceno mes del año dos mil trece D.C.,

17 horas después de la medianoche,

la Real  Academia Española

anuncia en su Twitter, que ha ganado

el Premio Cervantes la señora:

Elena Poniatowska.

Claro que no agrega, como informa Wikipedia

y  reconoce la autora en entrevista con  Cala

(CNN en español, para que aprendan los siervos

quien manda y quien obedece),

que la oculta identidad de la mexicana,

cortesana de sus Reyes y eminencias es:

Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor,

hija del príncipe Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski,

descendiente de la familia del rey Estanislao II Poniatowski de Polonia—

y de María de los Dolores (Paula) Amor de Yturbe.

Hoy mismo,

después de saber que un país al que amo con locura,

que me diera la lengua de mi afiebrada infancia,

un país

tan obsecuente y masónico,

tan reverencial  a la alcurnia,

tan mediocre en su intelectualidad aburguesada,

con pretensión republicana,

pero colonialista,  al fin y al cabo,

un magnífico país de paisajes soñados,

discriminante y terco,

con dogmas insensatos,

repleto de personas buenas

altivas aunque nobles,

un país primordial,

enamorado de Argentina,

un país

que es más nuestro que el dulce de leche,

un país

al que llamamos Madre Patria,

y que nos duele ver  arrodillado a otra monarquía

cuya reina se cree la Reina Isabel,

y es la Jefa de su Iglesia,

mientras su ardiente hijo quiere ser el tampón de su amada,

demostrando su lado más erótico,

de fe pasional  y romanticona,

el príncipe que ansía abdicar de variables y derivadas

para vivir en armoniosa compañía

con su eterna Camila,

sus hijos que son hijos de Diana,

la cazadora,

y  sus hermosos nietos,

montando animales  pura sangre,

en un grupito de  islas rodeadas de continentes

con clases sociales conspicuas y tiránicas

como castas hindúes dominantes;

hoy mismo,

como les decía,

merced a esa feliz casualidad de la vida,

descubrí que la libertad

no es potencia de pobres amañados,

ni de cultos con silla numerada

en las aristocracias plebeyas.

La libertad se llama: No me importa.

Leeré lo que me gusta.

Haré lo que me plazca.

Escribiré a mi modo.

La libertad se estira con la risa

que señala a los tontos del sistema

con orejas de burro

en las escuelas.

La libertad no calla ni murmura.

Se da el lujo de ser privilegiada,

de pertenecer a una estirpe de Cruz Roja,

con blasón de paz en los corazones;

y entiende bien por qué adulaba a Elenita

tanto necio que impone su criterio,

para bien de los consumidores

y beneficio rentable de sus negocios empresariales.

Hoy mismo,

está a la vista,

he renacido con palabras.

El mundo se refleja en mi ventana.

Las nubes blancas se agitan revolucionarias,

como si estuviera a punto de llover

y, sin embargo, sale el sol con nuevos bríos,

para tostar la piel de los enemigos de Palacio.

¿Los Borbones me adoran?

Merci beaucoup.

Los rabinos apuestan  a mi favor y en contra,

festejando cualquiera sea el resultado de la taba.

El Vaticano tiembla.

Las sectas y las logias están sudando tinta

en legajos amortizados y expedientes secretos.

Francisco es argentino y peronista.

O lo que es igual de opuesto por el vértice:

La máquina de Dios desacelera.

Quien quiera podrá ser, hoy mismo,

dueño del Futuro en el Pasado.

lavandera

 

 

 

 

 

              Lavandera 

(lamento haber perdido el nombre del autor de esta obra, si alguien la conoce que me avise)

 

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4 pensamientos en “Hoy mismo (un poema demasiado largo)

  1. Sabes qué? Que me da igual quién me mande, porque obedeceré a la vista de las armas pero no creo en sus razones, ni en estirpes, ni en papas, ni en principes, ni siquiera tengo fé en mi. Un beso.

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    • El problema no es la monarquía, sino las personas libres que se sienten esclavos y siguen haciendo la ola de reconocimientos a los de “sangre azul”. Por ahí va el poema, y debería pedirle perdón a Elena, pero como para ello no existo, me lo guardo hasta el momento oportuno.

      En lo personal no tengo nada contra la nobleza, al contrario, pienso que tienen en su patrimonio una historia cultural respetable.

      Fueron el antecedente de los Estados modernos, pero quitarse de encima la sumisión y el aplauso mentido para ascender en la escala social de la gente como nosotros, de a pie, le llevará a la humanidad unos cuantos siglos todavía.

      Como nací y vivo en Argentina me siento libre. No creas que eso no me trajo más disgustos que beneficios.

      Le gusta a 1 persona

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