Dos sonetos y un brindis

 

Dos sonetos y un brindis (para MI HIJA)

 

 

A Lucía Folino

1.

Ha tiempo que no fablo de mis hijas
porque soy andaluz de pura cepa
pero aquí, con orgullo, si te fijas
me cuelgo de la manga de la trepa.

Esa tarde me dieron un buen baño,
y tuve que llamar al peluquero
de urgencia, los piojos me hacen daño,
me rasco y no da abasto el cenicero

que lleno de colillas y de insultos
a la que los parió y a los incultos
que me llaman mugriento y otras cosas:

Que pincha mi barbilla, que mal huelo,
que parezco de Carme el bisabuelo,
y que así es como espanto a mis esposas.

No obstante lo que digan a mi espalda,
las niñas de mis ojos me idolatran.
Me llaman Astroboy o Susy Natra
y siguen acortándose la falda.

2.

Rocío no aparece pues se escalda
y miente que en el yoga no permiten
que se luzca en la foto y la remiten
a mi fama de diablo rojigualda.

El tiempo deteriora los colores
de rojo pasé a verde, viejo verde,
ni falta que les hace que recuerde
que comparto bulín en Relatores

con pibones cuarenta años menores
que contrato por noche y puro vicio.
Las peruanas ya no me hacen favores

y cobran horas extras por servicio.
¿Mentirles? ¿Para qué? Si saben bien
que solo me relamo sin sostén.

Brindis.
Brindo por las señoras sesentonas
burlonas de mi aspecto vagabundo.
Brindo por este sueño de inframundo
levantando mi copa si te entonas.

 

*
*
*

Ya saben.
Sursum corda
Lu.

 

5 pensamientos en “Dos sonetos y un brindis

  1. Algo así barruntaba en el magín de éste observador Lucía. Te leo valiente y decidida pensadora. De la Mujer vendrá la revolución necesaria porque sin vuestra intervención no habrá un futuro posible. Un beso.

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        • Entiendo que genera curiosidad conocer los motivos del autor. En este caso, los tengo sobrados para la parodia.

          Te diré algo más: mi trabajo en las redes logró cambios sociales a nivel global, que por prudencia y humildad no cuento en este espacio.

          Denuncié al Nuevo Periodismo Iberoamericano en el 2007, con una carta de lectores publicada en Rolling Stones. Tiempo después, me iban a hacer una nota simpática en un blog de Clarín y una de las jefas (espero que esté en la lista de los 380 despidos recientes de ese diario argentino) la prohibió.
          La comunicadora de gran talento y trayectoria que la iba a hacer me dijo que nunca le había pasado una cosa así, y que ella disponía de libertad para publicar en su blog lo que quisiera. No pudo. Mi proscripción en épocas kirchneristas era de una magnitud que ni yo podía llegar a percibir.

          Hoy, es vox populi, se habla del espionaje K, de los servicios de SIDE paralela. El periodismo comprendió que no puede inventar a su antojo noticias o personas, sin caer en lo propagandístico y, por suerte, aparecieron los equipos de investigación.

          El periodista de la palabra lustrosa y bien adjetivada y de la imagen impecable y bonita dejó lugar a una raza de gente que quiere por fin cumplir su función de prensa libre, como pata necesaria de un sistema republicano.

          No haré la enumeración de todos los cambios que alcancé a ver y de las vueltas de taba en los estados que muchos todavía no creen.

          Mi perseverancia, haciendo un guiño a la tuya, con el caso de Sabina y Serrat dio frutos sabrosos; cumplí muchos de mis deseos éticos y cívicos, por contraste y oposición a un discurso de una izquierda del relato vacuo y la ambición capitalista que la inspira cuando apagan los reflectores. La derecha imperialista está poniendo las barbas en remojo.

          El arte y la poesía fueron mis grandes aliados para comprender una realidad excesiva y desaforada que me tenía como objeto de estudio. Escribí, bajo este doloroso estado psíquico más de mil sonetos (y más de mil poemas). Aproximadamente la mitad se perdió en páginas que se cerraron sin aviso, en hackeos de mi ordenador, en robos que sufrí en mi propia casa -de extraños ladrones que solo vinieron por mi computadora, el celular y dinero -pero no había.

          Algún día, lo sé, la literatura dará un salto en alto y dejará de adorar a los popes de la tribu del amaneramiento, que siguen con los mismos métodos y vicisitudes del siglo XVI y comprenderán que cambiamos de era sin que se diesen por enterados. Estamos viviendo la postcontemporaneidad (como bauticé a esta era digital y del despertar de los adormecidos corderos, que supimos guiar en busca de rumbos más justos).

          Siento un poquito de condescendencia al ver a mis adversarios (que enemigos no son ni serán) patalear como cucarachas boca arriba. Al fin y al cabo, son “casi seres humanos” como diría mi personaje, la peruana analfabeta funcional llamada: Jimena Coronado.
          Te mando un abrazo.
          Lu

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