Eva en el paraíso

Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Como actividad paralela al concurso en marcha de #historiasdesuperación, patrocinado por Iberdrola, esta semana cinco escritores, Juan Gómez-Jurado, Lorenzo Silva, Espido Freire, Paloma Sánchez-Garnica y Agustín Fernández Mallo, participan en Zenda escribiendo historias de superación.

Comparto mi poema, publicado en el libro Venas al Menudeo con el fin de aportar una nueva #historiasdesuperación

 

 

 

 

 

 

Eva en el paraíso.

 

 

Abrió los ojos.

Degolló al carnero redomado,

como en un ejercicio cotidiano.

Fue  la hija del Titán.

La antagonista.

Fue  Musa y Venus,

diablo endemoniado.

Caminó sobre el mar con libido de sirena,

donó su vientre

a cambio de  un futuro prodigioso.

Amó con el espíritu en la carne.

Un puñado de hojas mustias reverdece

en las manos de vírgenes sinceras.

¿Qué puede adivinar el gato de Schrödinger

que el mes de junio no intuyera  de antemano?

¿Qué hay dos rumbos posibles?

¿Nacer-Morir?

¿Resucitar en niebla de Mesías?

Aquí habita nuestro invierno

y lejos el verano

es un anacronismo conocido,

con fatal desenlace para ambos.

Los planos son curvados en  el cielo,

en razón de la senda obligatoria.

En el infinito, las  paralelas se cortan

y nadie sabe si es verdad la Ciencia.

Las mojigatas flores silvestres se desnudan

en las playas desiertas o con grutas,

y se visten con pieles de cordero

los lobos furibundos

si las piedras adánicas husmean.

Ha nacido mujer  de una costilla

del unívoco efebo de los sueños,

que fuera Hecho de Tierra

con un soplo

de música silbada por  estrellas.

En este manuscrito,

con sus versos gastados de epopeya

y vicios de sintaxis por la afasia

de una ausencia precoz,

hay algo de invisible a los oídos

de aquellos  que conspiran con visera.

El estampido de un cañón avisa

su eterna persistencia de enemigo.

Es una guerra.

La fértil  emisaria absorbe toda culpa

como madre de un  hijo caprichoso.

No encuentra una manzana sino un mundo

por salvar de sus fuegos y avalanchas,

morteros, avatares  y renuencias,

en el oasis donde se ha esculpido

-díganlo de una vez y hasta el cansancio-

una diva emergida de las aguas

víctima de una destinación que la acorrala;

con paciencia de planta,

igual que un eucalipto originario,

con poderes balsámicos.

Su flora

se desflora entre los dedos

en una antigüedad  ingrávida,

levemente  remota.

La tortuga es un símbolo de hembra,

la marina y terrestre criatura.

La tortuga se ajusta a un nuevo péndulo,

esconde su cabeza

en un caparazón que la clausura

del caos que acontece;

y su huella es  tan lenta como el trance

en que Eva descubre su locura,

después de una vigilia milenaria.

Expectante y sumisa,

recobra  y descalabra

la oruga que la oprime.

 

No nos vengan con cuentos  de mascotas,

historias de monótonas historias.

El quelonio es Mujer como Dios mismo.

Punto de mira y de inflexión.

Su rictus. Su mandíbula.

Ímprobo obstáculo

que tuvo que sortear la Mitológica,

para ser aprehendida en nuevas redes

de espejos roncos con fácil oratoria,

sin dar un paso en falso,

destripada.

 

Por esta noche,

me quiero ir a dormir

al paraíso, sola, sin nadie alrededor

que balbucee

si el huevo o la gallina o lo contrario,

sin lenguajes que digan vaguedades,

refranes insolventes,

ni sombras de Verdad  indubitable,

hasta el Final del Juicio de los Tiempos,

como hizo  la tortuga

en el primer anclaje al parlamento,

depuesto  por  su espalda y su constancia,

para arribar, espera que te espera,

a naufragios veniales

que prefiguran y absuelven

maltratos vejatorios y humillantes.

de fría e insolente reticencia.eva-en-paraiso

 

 

La ilustración es mía.

Que pasen un buen domingo.

 

Lu

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5 pensamientos en “Eva en el paraíso

    • Gracias, Carlos.
      Todas las mujeres estamos reflejadas en esta poesía. Lamentablemente, no alcanzó a estar entre los 20 relatos seleccionados por Zenda. La envié junto con El caso de Linda Guzmán. Los medios eligen siempre el lugar común. Respeto los buenos relatos que han aparecido seleccionados y salvo un par de excepciones notorias (aunque hay que valorar todos los esfuerzos), son casos manidos de mujeres que superan las violencia de género.

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      • No es justo pensar que si no eligen nuestro relato los otros son malos, pero es agobiante que lo políticamente correcto se reproduzca como con copia carbónica sin dar lugar a la extrañeza y al cambio de hábitos generacionales.

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        • Tú escibes muy bien Lucia y, como dije, te has volcado en éste. Hace tiempo que dejé de pintar y de participar, iba a decir en circos, pero no quisiera ofender por causa de generalizar más de la cuenta. Llegué al convencimiento de que los certamenes y concursos tienen como objetivo principal el lucimiento ante la prensa de algún procer entregando premios. Y que priman los intereses del jurado defendiendo a sus respectivos apadrinados y que sólo se considera aquellos textos que concuerdan con las tésis oficiales. Y sí no creas algo dentro de esos parametros y sosteniendo argumentos, como bien dices, politicamente correctos, estas fuera del círculo. Un beso.

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          • Los certámenes están casi todos arreglados. Escribí mi cuento Tarde para venganzas sobre ese asunto.

            El problema no son los concursos que premian a sus apadrinados sino que no haya sitio para que otras voces puedan exponer ideas contrarias al mandato general de los espurios intereses globales.

            Otro beso.

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