Archivo | noviembre 2016

Eva en el paraíso

Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Como actividad paralela al concurso en marcha de #historiasdesuperación, patrocinado por Iberdrola, esta semana cinco escritores, Juan Gómez-Jurado, Lorenzo Silva, Espido Freire, Paloma Sánchez-Garnica y Agustín Fernández Mallo, participan en Zenda escribiendo historias de superación.

Comparto mi poema, publicado en el libro Venas al Menudeo con el fin de aportar una nueva #historiasdesuperación

 

 

 

 

 

 

Eva en el paraíso.

 

 

Abrió los ojos.

Degolló al carnero redomado,

como en un ejercicio cotidiano.

Fue  la hija del Titán.

La antagonista.

Fue  Musa y Venus,

diablo endemoniado.

Caminó sobre el mar con libido de sirena,

donó su vientre

a cambio de  un futuro prodigioso.

Amó con el espíritu en la carne.

Un puñado de hojas mustias reverdece

en las manos de vírgenes sinceras.

¿Qué puede adivinar el gato de Schrödinger

que el mes de junio no intuyera  de antemano?

¿Qué hay dos rumbos posibles?

¿Nacer-Morir?

¿Resucitar en niebla de Mesías?

Aquí habita nuestro invierno

y lejos el verano

es un anacronismo conocido,

con fatal desenlace para ambos.

Los planos son curvados en  el cielo,

en razón de la senda obligatoria.

En el infinito, las  paralelas se cortan

y nadie sabe si es verdad la Ciencia.

Las mojigatas flores silvestres se desnudan

en las playas desiertas o con grutas,

y se visten con pieles de cordero

los lobos furibundos

si las piedras adánicas husmean.

Ha nacido mujer  de una costilla

del unívoco efebo de los sueños,

que fuera Hecho de Tierra

con un soplo

de música silbada por  estrellas.

En este manuscrito,

con sus versos gastados de epopeya

y vicios de sintaxis por la afasia

de una ausencia precoz,

hay algo de invisible a los oídos

de aquellos  que conspiran con visera.

El estampido de un cañón avisa

su eterna persistencia de enemigo.

Es una guerra.

La fértil  emisaria absorbe toda culpa

como madre de un  hijo caprichoso.

No encuentra una manzana sino un mundo

por salvar de sus fuegos y avalanchas,

morteros, avatares  y renuencias,

en el oasis donde se ha esculpido

-díganlo de una vez y hasta el cansancio-

una diva emergida de las aguas

víctima de una destinación que la acorrala;

con paciencia de planta,

igual que un eucalipto originario,

con poderes balsámicos.

Su flora

se desflora entre los dedos

en una antigüedad  ingrávida,

levemente  remota.

La tortuga es un símbolo de hembra,

la marina y terrestre criatura.

La tortuga se ajusta a un nuevo péndulo,

esconde su cabeza

en un caparazón que la clausura

del caos que acontece;

y su huella es  tan lenta como el trance

en que Eva descubre su locura,

después de una vigilia milenaria.

Expectante y sumisa,

recobra  y descalabra

la oruga que la oprime.

 

No nos vengan con cuentos  de mascotas,

historias de monótonas historias.

El quelonio es Mujer como Dios mismo.

Punto de mira y de inflexión.

Su rictus. Su mandíbula.

Ímprobo obstáculo

que tuvo que sortear la Mitológica,

para ser aprehendida en nuevas redes

de espejos roncos con fácil oratoria,

sin dar un paso en falso,

destripada.

 

Por esta noche,

me quiero ir a dormir

al paraíso, sola, sin nadie alrededor

que balbucee

si el huevo o la gallina o lo contrario,

sin lenguajes que digan vaguedades,

refranes insolventes,

ni sombras de Verdad  indubitable,

hasta el Final del Juicio de los Tiempos,

como hizo  la tortuga

en el primer anclaje al parlamento,

depuesto  por  su espalda y su constancia,

para arribar, espera que te espera,

a naufragios veniales

que prefiguran y absuelven

maltratos vejatorios y humillantes.

de fría e insolente reticencia.eva-en-paraiso

 

 

La ilustración es mía.

Que pasen un buen domingo.

 

Lu

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Criptografía

CRIPTOGRAFÍA

 

 

pandora

 

“Ver en el secreto” Evangelio según San Mateo.

“Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado ni escondido que no haya de salir a luz”. Evangelio según San Marcos.

 

 

 

 

No vayas a contar tus confesiones

si esperas compasión del mundo rancio;

se enferman los espíritus en pugna

que ansían las volátiles euritmias.

El cosmos nos devuelve su desprecio

si ocupas con quebrantos las elipses

orbitales,

rabiosas como el fuego

que empodera la magia encadenada.

Buscando acertarás con el milagro,

el tesoro escondido de este cuento:

Que el silencio se precie de ser sabio

y el altivo se precie de ser bueno.

En el día se opacan las estrellas

cuajadas por la luz de los secretos.

El caso de Linda Guzmán

 Para terminar con la violencia de género

zendalibros.com@zendalibros – #historiasdesuperación  

Linda Guzmán era una conocida modelo y actriz mexicana, hija de un difunto político de California y una novelista michoacana, de clase alta, que formaba parte del ambiente artístico en el espectáculo local.

Sus cuentas bancarias superaban varios millones en divisas fuertes, sus piernas estaban aseguradas en sumas fabulosamente caras y su rostro, aunque joven y bello, empezaba a necesitar alguna cirugía estética, que le quitara alguna marca del paso del inexorable lugar común, para poder seguir facturando en su ascendente carrera.

Hacía dos años que tenía un novio al que adoraba. Era un actor, talentoso y guapísimo, envidiado por la mitad del planeta, con una sonrisa de esas que atraviesan los cristales y que en el cine nos constriñe a pensar que somos un fracaso.

La placidez de Linda era armoniosa, su salud estupenda y su familia la rodeaba con devoción y cariño verdadero.

Amada y respetada por sus fans, de repente, se dio cuenta de que su existencia era una catástrofe.

Un par de meses antes de que derrapara, con la finalidad de hacer unas fotos para una conocida revista de modas, la contrataron para una sesión de fotografías en las ruinas de Pataliputra,  y allí se alojó en un pueblo cercano, en el Estado de Bihar, donde encontró personas paupérrimas de quienes siempre creyó que eran felices por su filosofía oriental. Ni en sus clases de yoga ni  en sus  meditaciones jainistas (una religión nacida en la era  precristiana que rechaza el sistema de castas y la autoridad de los libros sagrados, y obliga reflexionar sobre la libertad e igualdad de los individuos), se le ocurrió antes que vivir en la pobreza fuera un inconveniente siniestro.

Su dinero le pesaba y no sabía bien qué hacer con él. Ansiaba retirarse del mundo de los negocios para vivir en tranquilidad. No ignoraba que su estilo de vida tenía un costo elevado (libros, gurús, gimnasio, peluqueros, modistos de haute couture, entrenadores de deporte, uñas esculpidas, expensas de vivienda, automóviles, esteticistas, terapias formales o alternativas, conciertos).

Comenzó a deprimirse cuando nadie lo hubiera sospechado.  Su sonrisa angelical tropezó con la realidad y sus trabajos declinaron el interés de los empresarios. Podía darse el lujo de desestimar campañas publicitarias menores mientras aguardaba un protagónico en alguna película clase A,  dictando conferencias que la sindicaban como una estrella de la comunicación social, intelectual y hermosa (combinación letal y adictiva para quienes asisten a este tipo de eventos).

El problema fue que su depresión comenzó a tornarse más severa con el transcurso de las semanas. Su psicóloga, enseguida, la derivó a un especialista de prestigio que cobraba fortunas y  medicaba con precaución. La tristeza, sin embargo, se volvió melancolía insuperable.

Rompió con su novio, perdió amigos, su teléfono dejó de sonar, su representante la abandonó, y como era de esperar, se hizo adicta a los somníferos, a los chocolates y a las harinas.

Una mañana en la que cavilaba sobre las bondades del suicidio, su asistente personal le informó que había llegado una carta desde India. Una niña de ocho años, que no recordaba y resultó ser la hija de una maquilladora, le escribía en perfecto inglés, para explicarle que sus padres habían fallecido en un alud en medio de inundaciones torrenciales; ella y sus hermanitas habían quedado huérfanas, a cargo de la iglesia, de la que uno de sus curitas estaba oficiando de intérprete para enviar esa misiva de socorro. Agregaba en la posdata el intermediario, que la niña estaba tomando clases de inglés gratuitas, que era muy inteligente pero tenía necesidad de su colaboración, y la invitaba a amadrinar a los pequeños.

Lo raro era que no le pedía dinero sino que le preguntaba si podía hacerse cargo de la familia completa, cobijándola en su casa de Puerto Vallarta. Aunque Linda dominaba varias lenguas extranjeras le sorprendió que le escribiera en inglés, dado que en su paso por India tanto ella como el equipo de producción solo habían hablado en español. ¿Por qué presumir que la carta no iría a parar al cesto de papeles? ¿Sería una publicidad panfletaria o una señal del destino?

Sin nada que perder, sacó la limusina de la cochera, llegó al aeropuerto, con pasaporte al día (tenía todo en regla por la campaña del jabón de tocador que la llevara a ese lejano tugurio), compró su billete con escalas rumbo a Patna, y allí se colgó en un camión hacia a aquel sitio inhóspito, siguiendo las indicaciones de la carta que había guardado como un tesoro.

No había tenido tiempo ni de envolver los regalos comprados a las apuradas, previo al preembarque, y advirtió que no llevaba maletas consigo recién después de pasar por Migraciones.

Al llegar, se acercó a una cabaña maltrecha y la recibió un joven moreno oriundo de Senegal.  Salieron a abrazarla Ruanda y sus hermanas como si fuera el Mesías.

A los seis días, estaba de regreso con las cuatro hermanitas que no hablaban palabra de castellano. La mayor, apenas, champurreaba el inglés y era quien se ocupaba de los precarios contactos con su benefactora.

Al poco tiempo, Linda, pese a haber sido desbordada por el trabajo que se comprometió a asumir, aprendió hindi, a cocinar comidas étnicas y se mudó de la mansión a una granja, abandonó la carrera laboral, los cursos de filosofía, y se dedicó a atender al grupo familiar, con la dedicación propia de las buenas personas. Creó, asimismo, una Fundación a la que destinó todos sus recursos y tiempo.

Ayudando a los desprotegidos por la violencia y desamparo económico de que era víctima su sociedad, logró conocerse a sí misma y romper con la peor de las tiranías, la invisible carga de esclavitud que establece el dogmático molde de occidente para la mujer.

Superó su enfermedad psíquica y se transformó en un ser de luz y amor: una maestra real para sus seguidores, quienes, como era inevitable, se enteraron por la prensa de su extravagante proyecto de vida.

 

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Hamish Blakely

Dime qué era lo que fue

Dime qué era lo que fue

A partir de la consigna para un microrrelato de un concurso de radio, aproveché y escribí este soneto, además de dos cuentos que me gustan mucho y que compartiré algún día. klimt-death-and-life-dettaglio

Un detalle de Gustav Klimt  (Muerte y Vida)  (Amo a Klimt y siempre vuelvo a él)

 

Dime qué era lo que fue.

No era el mar pero se le parecía.

No era el sol pero nos encandilaba.

No era abril pero casi igual dolía.

No eras tú pero nadie te engañaba.

 

No era Dios aunque oía su resuello.

No era azul aunque al cielo asemejaba.

No era luz sino apenas su descuello.

No era yo aunque todo me nombrara.

 

Perderte fue aprender nuevos chantajes.

Llegaste como solo tú podías;

sin culpa desechaste negros trajes

 

que huelen a mi aroma todavía.

Incierta como ausencia de lenguajes

la voz que te describe noche y día.

Cuando conocí a Joaquín

When I met Joachim

When I met Joachim
in former times,
I thought I could die in his arms.
He was the most wonderful person
I could expect to feel,
he turned into my soul
like a sign, very good indeed.
He slept in my mind
resting overseas.

My heart was crying hard.
He gave me excitation and
and never, never call me back.

And I loved him so much,
what a lovely touch.
I felt we were getting older
and older in eternity.
We went about in a daze.
Tell me why
he isn´t here any time.

Our love seemed to have wings.
Now, I miss him day and night.

The net bird is full of dust.
as dry as my heart.
The storm was a real dump
when I open my eyes.
I am down, down, down.

What does the Bible says:
Are there spirits on Earth?
If so, he was the messenger
of Fire since his birth.

Les debo la traducción de esta canción -que todavía no tiene música-  para otro momento.
Lu
La musa de Sabina.
auto

Limpia, pule y da esplendor

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Ilustración de Egon Schiele (La familia)

Hay días para pulir cacharros

y hay días para pulir poemas.

Cuando una pule cacharros

lo hace por los demás,

para caerles bien por impoluta,

bonita ama de casa;

para que otros te digan que te quieren

cuando la grasa adhiere cobardía

al sucio maculado de cocina,

porque el olor propende a establecerse

convidado de piedra en un velorio

de casas de familia

y nadie más que vos podría hacerlo

porque no hay nadie más, en esta jaula.

Lo hace para afuera,

sin mérito ni gloria,

como esa obligación de polizonte

descubierto en corrillo clandestino,

con manos en la masa,

sin motivo,

a sabiendas del costo que le aguarda

por estar en el sitio equivocado.

 

Cuando una pule poemas

lo hace para una misma,

por las ganas

de limpiar por dentro la impureza,

restañar las heridas de la carne,

lamentarse,

lamerse

sublimarse,

saberse perdedora y alegrarse

de estar allí, absorta en sus ideas;

esplender con el brillo de las letras;

apaciguar el tedio, detonarlo;

sentir que en la batalla va ganando

ante el pringoso día que le toca

para encogerse de hombros

resignada

contra viento y marea.

Pero, yo no venía a decir esto.

La introducción quedó monstruosamente larga.

No me puedo acordar qué plan tenía,

por donde iba a tirarles la toalla

a los dueños del mundo y sus hechuras

que cobran por mentir y encadenarnos.

No puedo recordar lo que he pensado

metida entre esponjita y detergentes

fregando la marmita de dos asas

con tapa de cristal,

en un esmero triste de afán escrupuloso.

Era algo genial, estoy segura,

algo que nunca han dicho

los poetas del coro de las musas.

Desastre de la pasión


“No existe ayer, ni mañana,

nunca es ahora del después,

es que el mundo está al revés,

siempre pierde quien más gana.”

 

 

 

Las irrupciones violentas

del corazón,

los ardores de su prosa,

sus jugadas maestras

lastiman, no cicatrizan,

y nos ponen en disputa

con el mortal enemigo

del entendimiento.

Camino a los delirios de la estrella

está la verdad,

nula baratija presentida.

Sanguijuela de machitos a contrapelo,

corteses e indiscretos

explicarán motivos doctorales,

causas y consecuencias

de un desierto de sabanas

que descubren el Oasis

como quien descubre un huerto o un mito.

En la sumisión de las arenas movedizas,

intuyo las risas hipnóticas,

los lagartos peregrinos,

el perfume de la soledad.

En su contracara,

hay un amor enjaulado,

un colchón con panqueques de manzana,

y a pocas millas

un gorrión despavorido

hirviendo en caldo de gallinas

su responso y su gloria.
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Un poema que tiene más de diez años.

La ilustración y sigo con G. Courbet es un detalle de EL ESTUDIO.