Al otro lado de la ventana

Los cuentos que participaron del concurso  Relatos en cadena de Escritores.org

Al otro lado de la ventana

Al otro lado de la ventana hay un adulto cruel y despiadado. Lleva tatuajes de cicatrices como arañas en los brazos y un cuerno negro, brillante, en el escudo de su camisa rasgada.

Ha bebido tanto que no se mantiene en pie. Iracundo golpea el vidrio detrás de las rejas, haciendo estallar los cristales que salpican mi cuarto. Grita. Maldice.

No le abriré esta noche. Mi madre me rogó que no lo hiciera.

¡Que se muera en la calle!

El hombre que seré a su edad no tiene derecho a dormir en esta cama.

Al otro lado de la ventana (2)

 

Al otro lado de la ventana está el mundo real.  Desde allí veo el Exequias Bar de Ibiza, abierto por las noches. La camarera nigeriana me vuelve loco. Camina con aires de princesa africana, lleva colgantes en el cuello y es alta, casi tanto como yo, que si no fuera tímido podría ser basquetbolista o modelo de alta costura, quizás, galán de cine. Pero no. Soy escritor. Y los escritores no tenemos vida propia. Solo vemos pasar escenas breves de vidas ajenas y tecleamos sin descanso. La camarera nigeriana me descubrió y sonríe. Cree que soy gay y me enseña sus descomunales senos. Empezó el verano.

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Al otro lado de la ventana estoy yo, Lucía, treinta años atrás, embarazada de mi hijo José Andrés.

 

4 pensamientos en “Al otro lado de la ventana

    • Sí, gracias. Patricia. Envié un par de cuentos, que aunque no logren clasificar, subiré a mi blog porque nos estimula mucho el intercambio.
      La frase es poética y eso también dificulta la narración.
      Vi un par de cuentos tuyos en cincuentapalabras, web en la que envié mi primer microficción y se publicó. Vi que enviaste dos y me dio mucha gracia.
      En cualquier momento nos cruzaremos por Negra y Criminal o algún otro disparador.
      Seré sincera: prefiero que abunden las palabras, a riesgo de caer en tópicos indeseables antes que apretar el corsé. Es un mundo nuevo para mí, y al que recién ahora estoy descubriendo el encanto.
      Si Dios lo permite, el año entrante andaré por Madrid -ciudad a la que he visitado en varias oportunidades, porque me fascina su vocación cultural. Como soy jubilada docente se hace difícil. Solo los argentinos sabemos el riesgo que implica sobrevivir aquí, aunque también supongo se extrañe la adrenalina.
      Nos seguimos leyendo.
      Lu

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  1. Gracias, Carlos. Ahora acabo de notar, porque envié otro par de cuentos, que no había recibido correo de respuesta automática. Algo debo haber hecho mal.
    A mí también me gusta más el primero.
    Un abrazo.

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  2. Al otro lado del cristal congelado está el pasado enmarcado por un cerco de sueños olvidados que no sé sí será mejor despertar. Me gustó mucho el primer relato-cuento. Un beso.

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