Las cosas pasan…

Las cosas pasan…

Las cosas pasan porque tienen que pasar.

Al fin he comprendido que lo que no se puede no se debe.

Lo que solía preguntarme era por qué tantos cómplices.

No podía creer que el avaro dinero fuera el motor de fuerza

de rémoras de gente maleducada

que dice estar cerca de los artistas,

moviendo los hilos

de una cultura feroz y presumida.

Traté de entender el porqué de mi linchamiento obsesivo.

Propicié  la verdad en su lugar

como forma de belleza infinita.

Qué loco.

¿Dónde está el talento artístico del  detractor?

Cuando el psicoanálisis es solo una bella literatura

bregar por su fundamentalismo

es un síntoma de penetración abstracta,

por oscura inmodestia de fantasmas congénitos.

Disparate del egoísmo que  reina

y tiene como brazos ejecutores a los miserables,

malhadados, mezquinos de siempre:

Los instigadores de bombacha sucia,

continuadores del programa,

oficiando como satélites de la gran farsa universal.

La reflexión filosófica, su aprendizaje

inacabable,

inabarcable,

no cabe en sus escuetos planes de progreso.

Siguen buscando la mágica respuesta

a sus problemas de comportamientos  sociales,

en el vino embriagador del borracho

y en la desnudez de alquiler de secuaces de turno,

por ausencia de reglas éticas coherentes.

Cuando el móvil es un lucro perverso,

solo impregna malestar

esa voracidad de acumular valores

que no podrán usar en cien vidas corridas.

Aún en perjuicio de los Otros,

barren la cresta de la ola

con su monótono culto evocativo:

“enfermedad es pecado”,

“terapia es confesión”,

y no sienten vergüenza,

porque el pueblo adormecido los erige

en monumentos,

por temor de sus bocas de lobos acuciantes.

¿Y a santo de qué tanto pilar de inútiles encorvados

exhibiendo lenguas de trapo

y muñecos de nieve como trofeos antiguos?

El tiempo decantará material de primera línea del trabajo de creadores

y conservará estereotipos que ahora parecen míticos.

El tiempo humano, no el tiempo de los dioses

de la eternidad serena,

que como bien intuimos

se mofan de la gloria que puede extenderse

algunos pocos cientos de años,

para estos zafios vulgares del malvivir,

que exprimen su pastura beligerante

cavando su propia tumba en el desierto.

Recordé este poema perteneciente a mi libro Venas al Menudeo, tras leer el cuento ganador del relato breve de no sé qué concurso: un cuento hecho con retazos estilo patch, basado en la historia de un chico que narra sus días previos a morir, una vez muerto.  El relato comienza con la frase: “Las cosas ocurren porque tienen que ocurrir”. Como también escribí en mi blog Premio Consuelo para…: Hoy amanecí muerta en el que -quizás no sin demasiada originalidad- una historia similar, se me ocurrió que tal vez, alguno de mis anónimos lectores fuera Miguel González González y como su relato comienza diciendo: “Las cosas ocurren porque tienen que ocurrir…” podría llegar a saber de quien se trata y permitir que las cosas ocurran y punto. leonard

…que las cosas ocurran y punto.

Y, por supuesto, se lo dedico a Bob Dylan y a los dylanianos que copian su ejemplo.

Lu
Buen fin de semana.

Posdata: Para mi querido Letras caninas, esta sí podría ser una “reflexión filosófica”. Un abrazo.

11 pensamientos en “Las cosas pasan…

  1. Ahora que no nos lee nadie, voy a contarte un secreto, odio escribir poesías porque nacen de muy adentro y salen enrabietadas, reptando y propinando arañazos que duelen durante un largo rato. Hale ya. Un beso.

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        • Me gustan mucho los cuentos. De hecho en un par de horas subiré los dos que envié al concurso de La Ser “Al otro lado de la ventana”.

          No me han seleccionado, pero igual lo comparto porque no me parecen malos, sinceramente.

          Otro abrazo.

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  2. Me ha gustado mucho lo bien que has elaborado esta entrada, asi que voy a seguir leyendo algunas más de por aquí abajo. Un beso o abrazo o lo que sea que más te guste recibir.

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    • jajaja, gracias Carlos.

      Me gusta recibir los dos cuando son sinceros.

      Esta entrada tiene varios frentes de ataque. Es parte del oficio poético. No repetir los temas de los que se vino hablando toda la vida. Hoy, nadie ignora que ser “musa de…” no es algo reconfortante sino más bien molesto. Se vive como un acoso cuando el objeto del inspiración del poeta se vuelve perpetuo. Me refiero a las Beatrices, las Lauras. Es completamente lógico que siempre se escribe para que nos lea la persona amada, lo que no es lógico es que te expriman como un limón para obtener réditos con ello, cuando la obra deja de ser poética para convertirse en un producto comercial para consumo de masas.

      Lu

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    • A vos, querido Letras (¿amigo o amiga?).

      Te dejé una respuesta sobre tu comentario en Negrura. Me encanta el debate literario, aunque, por supuesto, no siempre coincidamos en las opiniones.

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        • Ayer fui a una jornada literaria en Buenos Aires. Seríamos unas cincuenta personas y solo había cuatro hombres. Supongo que a muchos les da vergüenza exhibirse y compartir este tipo de eventos a los que las mujeres somos aficionadas. Eso no va en desmedro del talento que muchos varones tienen a la hora de escribir, dado que lo vienen haciendo hace milenios.
          En los últimos pocos siglos nos tocó ser pioneras de movimientos que nos brinden igualdad de oportunidades y derechos en casi todo.
          Saludos, y no seas tímida. Fijate que hay algunos que son tertulianos y jueces de concursos de programas literarios y tienen menos valor que una peseta en tiempos del euro.

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