El último poema

capitulo-37

El último poema.


Este será mi último poema.

El último.

No el más reciente, 

el que acabo de escribir esta mañana.

El último y definitivo poema de despedida.


Chau letras alineadas en renglones.

Chau, vida paralela,

secreto bálsamo poético soñado entre paredes

y hoscos ruidos urbanos de la calle.

Arrivederci, teclas de remate.

C´est fini. 

Good bye. 


Cuando los sabios te dan la espalda,

los necios te desprecian,

y los poetas consagrados

te admiten en sus círculos

porque necesitan lectores entusiastas

pero piensan que tu obra es inservible;

la ignoran, 

la rechazan,

la pasan por encima, 

evitando un paisaje de fotograma ajado,

es hora de despertar del sueño

lírico y tenaz. 


Dejar el verso para quien lo reclame

como una pertenencia ineludible.

Lo riegue y lo cultive. 

Lo lama y lo venere.


Hora de irse a vivir en nuevos subterfugios

que oculten nuestro odioso pesimismo.

Olvidar las palabras necesarias 

del mérito que exige ser poeta.

Olvidar que la sombra es atisbo de la noche

y el cuenco de la mano es una copa.

Los dedos se han cansado de ser dedos.

La vista pide a gritos oculista.

Empezar a mirar 

a través del cristal de la ventana

cómo lava la lluvia mi balcón.

Lu
De todos modos, no fue el último poema que escribí aunque siga siendo: El último poema.
Hay otro poema posterior Próximos al final -que ya publiqué en este sitio- que especula con retomar el cuerpo de aquel último y usa las mismas expresiones “Arrivederci, good by, etc.”, como un complementario a fortiori que debería haber precedido a este.

No sé si se entiende bien el concepto pero probablemente se entienda mejor la idea.

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