Archivo | septiembre 2016

Exacciones ilegales

Exacciones ilegales

Aquí puede escucharse el poema recitado.

 

 

 

Mi poema:

como si estuviera haciendo gárgaras

para llamar la atención de los espectadores

conscientes de las lides amorosas

de que adolezco,

hurgará con franqueza

el riñón de mi memoria emotiva

y hallará que las extensiones desérticas

son dibujos que imitan una flor aislada

en el jardín botánico.

Siempre hubo prestaciones pintorescas,

preceptivas erróneas y señuelos.

 

Me inflijo al escribir

abigarradas exacciones ilegales;

doy patadas nimias que desencadenan crisis

a mis puntos de vista más genuinos,

los maltrato,

los rechazo ceremoniosamente,

y en su descargo

los versos y la gente que frecuento

contoneando sus brazos aletean

diciendo sin decir en su cordura:

La caja está cerrada. Hoy no se fía.

 

Me quiero mudar lejos de tu olvido.

Resistir es vencer y no resisto

la marcial corrupción del deterioro.

 

 

 

 

judith-klimt

Anuncios

Próximos al final

PRÓXIMOS AL FINAL.

 

Puede ser que los tiempos

estén próximos al final.

Tenemos las puertas cerradas.

La única forma de abrirlas

será pagando un alto precio:

quebrándonos los dedos contra estacas

de algarrobo,

rompiéndonos las púas

a arañazos limpios.

No hay reconciliación alguna

entre el ardid publicitario

y la conmoción interior

ni habrá rehabilitación

en lujosos hoteles atrofiados.

Tus alaridos no se escuchan

lo suficientemente audibles

hasta tocar el fondo.

Las gentes entendidas

manducan entremeses

sanguinarios, irreconocibles.

Pueden concebir la ovación

como una moneda fastidiosa y vitalicia.

Diga lo que diga la Biblia,

nadie ignora la pira de los pobres.

Ko Maru Kai Atu

Ko Maru Kai Mai

Ka Ngohe Nghoe.

Santa retórica de la bondad

en su fértil derrota

de perdedores del mundo salvaje.

Sin venturas con cadencia fortuita,

ni progreso universal de fiestas rutinarias.

La disciplina pega fuerte

con morosa precocidad

creando fantasmas del orden,

estatuas pequeñas en plazas utópicas.

Apenas 17, linda, y ya estás borracha.

Good marketing del vicio.

Good bye. Au revoir.

Bye, bye.  Arrivederci.

No conviene olvidar la ambigüedad

manipulada de la imagen proyectada,

la crueldad del esqueleto tardío.

Los hombres de negro y de sagrada aristocracia

te roban el destino

envileciendo conciencias.

Estremece pensar el resultado

de tu lucha yerma por huir

atravesando puertas oclusas

con hormigón, candado y cerradura.

 

 

 

 

 

Lu

 

Ko Maru Kai Atu

Ko Maru Kai Mai

Ka Ngohe Nghoe.
Porverbio maorí citado por Darrida que tiene un significado ambiguo sobre el aquí y ahora. NECRO-SPIRITUALS-FINAL-FRONTCOVER (1)

En La Trastienda

CANCIÓN: EN LA TRASTIENDA

Quisiera que Ud. me entienda

compañero de ocasión,

“yo no le canto a la luna”

cuando invento esta canción.

Una noche en La trastienda

se juntaron a tocar,

Montero, Antonio del Diego

y el Rey de Galapagar.

 

“Se aceptan bonos o enmienda”

le retrucó al locutor,

reclamando ante el estrado

por los derechos de autor.

 

“Mejor levantá la tienda,

porque no vas a cobrar,

mala fama de provincias.

Nunca te van a pagar.”

No había quien lo defienda

ni en teatros ni en estadios

ni en ese bar ni en el Luna.

Su voz no suena en las radios.

Entonces, con rienda suelta

desbarrancó su caballo

incendió las romerías

de gallegos y cipayos.

Gritos, desmanes, molienda,

todo el mundo se escapaba

del local y de la furia

con que el negro acobardaba.

Del cuarto de la merienda

por no comerse algún sapo,

Román Jota Avellaneda

cubrió cenizas con trapos.

“Hay veces en que la hacienda

se defiende con el cuerpo

de los lances de unos guapos”

dijo antes de quedar muerto,

quien diera su última ofrenda

malvestido con harapos.

 

Nuevos poemas

1.-

El poder de la ciencia colapsa cada vez

que tú y yo quedamos para encontrarnos

en la casa del adulterio.

Mi boca lleva puesto el candado

de la discreción

edificada sobre la roca indemne.

Sueños compartidos al azar.

Donde estén nuestros cuerpos abrazados

ahí se juntarán los buitres escogidos

y harán nido.

No mienten los relámpagos

que acribillan con su resplandor

e iluminan nuestra cueva

con las huestes de su llamarada

como una revolución ministerial.

2.-

Todo los que nos ocurre

sucede para siempre.

El velo que recubre nuestros rostros

parece una carta de recomendación

que nos niega y nos protege.

Cuando los hombres primitivos

creían que la tierra era el centro del universo,

yo soñaba con un sexo dorado.

El séptimo día Dios descansó

para que nosotras fuéramos

la tentación del paraíso,

y nos dejó clavado el aguijón

de las revelaciones celestes.

3.-

Mi amante me busca,

oye el rumor de mis pasos silentes,

me alborota

con el delirio de su imaginación.

Mi amante, con su espíritu sublime,

me ha dado más de lo que tuve

tras su fuga primeriza,

la única vez que

nos acostamos al pie de una montaña

con musgo y humedades titubeantes.

Escondidas como búhos en la noche

las divinidades oscilan

entre la dicha y el desvanecimiento,

como si esa misma sustancia

nos dictase la trama indisoluble:

El jardín de las delicias.

4.-

Todo cuanto existe en el cielo y en la tierra,

en el más allá, en los negros agujeros

de ondas gravitacionales,

el fin de lo creado, sus volutas,

nos distrae del buen camino del amor entero.

Cuando fui un abejaruco pequeño

los apóstoles del orden me arrestaron.

Mordí mi humillación por ser distinta.

Cuando mi amado arribó

los metió presos.

Mi padre nunca quiso admitir su omnipresencia.

La espuma rojiza de su furia,

liquida las deudas

de mi incierto futuro en libertad.

5.-

“Porque mientras cantaba

le salió de la boca 

un ratón colorado”,

respondió Fausto a Mefistóteles,

Inevitable recuerdo de mi viejo,

cantando, desafinando,

confundiendo sus ratones

con los del mismo diablo de Goethe.

Satanás con su eterna misericordia

no le pidió permiso

para sacudir el trigo de su astucia.

Otros recogieron su siembra,

mas los granos cayeron en las áridas tierras

que sienten asco por el pan

que alimenta a los muertos,

muy a pesar suyo.

Lo que sucederá entre las deidades

no puedo sospecharlo

con mi pobre estructura

que solo sabe cantar himnos a la aurora,

esperando las cenizas

de una ciudad poblada de insomnio.

Aquí podrás escuchar el poema: Mi amante

Para EL TORO DE BARRO

 

EL TORO DE BARRO.

La imagen en la  vidriera

y nuestra alma en la cuenca de las sombras.

Cansa esto de andar girando

de un espacio al siguiente, con jaqueca,

cuando la lidia se convierte en escritura.

¿Será que ser poeta es ser caótico?

Zhivka dice: “No cabe otra cosa que no sea

amar, amar, amar”.

Tagore roza la frente del hijo

con una canción

que atraviesa la muerte.

Los dolores de Frida aprendieron a nadar,

sin brazos que la sostengan.

Carlos Duarte besa la lluvia

venerando al Dios de la Ternura.

En la Casida de la mujer tendida

Federico miente:

“Bajo las tibias rosas de la cama

los muertos gimen esperando turno”,

y para Eugenio es arduo distinguir

entre quién le gustaría y quién no

que volviese a vivir entre nosotros.

Esta es mi familia más cercana:

Los poetas elegidos por El Toro de Barro.

Una muerte en el ruedo,

en el  ruido

de una tarde de fiesta,

que no es posible ni pensable.

Mis golpes de piqueta

rompieron el cristal de la pantalla.

 

El Toro de Barro es una de las editoriales de poesía más antiguas y prestigiosas de España, a cargo del poeta y escritor  Carlos Morales del Coso.

Lu

pandora

Impunidad

Leyes argentinas

No sé.
Silencio.
No me consta.
Silencio.
Me amparo en (las)  garantías constitucionales.
Silencio.
No es mi firma.
Silencio.
No era yo.
Silencio.
Jamás lo vi.
Silencio.
No los conozco.
Silencio.
Niego todo.
Silencio.
No era mi voz.
Silencio.
Lo sacaron de contexto.
Silencio.
No voy a declarar.
Silencio.
Sobreseído por falta de mérito.
drawing
Envío este poema/relato al concurso Cincuenta palabras quitándole “las!, “Silencio. Niego todo” para que dé el número exacto y aunque es anterior, para evitar que me acusen de plagio.

Cruzando el charco.

 

Cruzando el charco.

Dejé mi amor en Buenos Aires.

No me tentaron las playas doradas

ni las aguas calipso del Caribe;

las mareas turquesas de peces centelleantes

ofuscaron mis pies,

porque palpé sus huracanes

y constaté sus tiburones.

No me asombraron los museos

con cuadros de pintores medievales,

cincuenta veces restaurados,

ni me sedujeron las Plazas

para comprar postales

de cemento, de piedra o argamasa.

-El orden es indistinto-

Las altas cumbres eran frías.

Las grutas hostiles.

Los bares de ciudad calientes

son los bares del tedio vendido en soledad

por los desencontrados.

Ya sabés:

El gusto del café es igual en todas partes.

En La Biela, Los Ángeles, Florencia.

Una nube de smog me está rodeando.

La radio local comunica

que hay piquetes en el Congreso

y atracos en la calle

a plena luz del día.

Resignación.

El tránsito es caótico.

Paciencia.

El fútbol que se juega en las corporaciones

grita ole y olé.

Los espectadores aplauden

sus quebrados designios

de goles con bullente algarabía.

¡Qué pena!

Las denuncias de corrupción

y la sonrisa de las azafatas

son idénticas a las que dejé

antes de partir de casa.

Las mujerzuelas retintas de paja,

cortadas con tijera en papel molde,

con ridículos globos en el pecho,

ofrecen sus servicios de alta prostitución

en la televisión abierta.

Mi memoria evoca el olor

acidulado y pútrido

del perenne Riachuelo

y se estremece.

El avión está por aterrizar en Ezeiza.

Por fin.

Por fin… llegué al Paraíso.