Intrusos en el espectáculo

 

Intrusos en el espectáculo

 

 

                                                                     Saroyan en su lecho de muerte:

“Creí que nunca moriría.”

 

Me contemplo desde

la inmortalidad de mi presente.

 

En la pantalla del televisor

gesticulan y cuentan

chismes de modelos desconocidas

de la mediocre farándula nacional.

 

No siempre se crea

Poesía

escuchando a Vivaldi

o a Andrey Kiritchenko

ni brindando a la salud

de Hölderin o Bonnefoy.

Diría mejor, casi nunca.

 

Somos esto. Estamos acá.

 

¡Qué insensibles parecen

los que no aprecian

la música erudita del siglo XVII,

el trabajo de los genios

de la pintura holandesa

o los sublimes yámbicos griegos!

 

Como un borracho

en la taberna,

nos preguntamos:

¿Para qué todo?

Si por mucho camino

que ande

-lo juro pese a haber encontrado

el Santo Grial-

seguirán muriendo

los asesinos y los gatos

-siete vidas también se extinguen-

y los jazmines no crecerán

si alguien

no los cuida de las hormigas.

 

Mas,

cuando no quede otro alguien

y siga viva

¿querré permanecer sola

en el desierto

como un personaje bíblico?

 

He visto envejecer

a verdaderas beldades,

caer en la degradación

a galanes notablemente hermosos,

mentir a los presidentes más amados

y desaparecer

¿dónde han ido?

a niños, mariposas y tamberos.

 

Y los tipos de

“Intrusos en el espectáculo”

siguen vendiendo

productos para adelgazar,

correas para perros,

alarmas antirrobo

juegos frutales

y mujeres sintéticas

sin gusto ni calorías,

como si

la tarde fuera un chicle

pegado sobre la mesa

o

una latita de atún

desmenuzado.

 

 

 

 

.intrusos en el espectáculo

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