Archivo | julio 2016

Intrusos en el espectáculo

 

Intrusos en el espectáculo

 

 

                                                                     Saroyan en su lecho de muerte:

“Creí que nunca moriría.”

 

Me contemplo desde

la inmortalidad de mi presente.

 

En la pantalla del televisor

gesticulan y cuentan

chismes de modelos desconocidas

de la mediocre farándula nacional.

 

No siempre se crea

Poesía

escuchando a Vivaldi

o a Andrey Kiritchenko

ni brindando a la salud

de Hölderin o Bonnefoy.

Diría mejor, casi nunca.

 

Somos esto. Estamos acá.

 

¡Qué insensibles parecen

los que no aprecian

la música erudita del siglo XVII,

el trabajo de los genios

de la pintura holandesa

o los sublimes yámbicos griegos!

 

Como un borracho

en la taberna,

nos preguntamos:

¿Para qué todo?

Si por mucho camino

que ande

-lo juro pese a haber encontrado

el Santo Grial-

seguirán muriendo

los asesinos y los gatos

-siete vidas también se extinguen-

y los jazmines no crecerán

si alguien

no los cuida de las hormigas.

 

Mas,

cuando no quede otro alguien

y siga viva

¿querré permanecer sola

en el desierto

como un personaje bíblico?

 

He visto envejecer

a verdaderas beldades,

caer en la degradación

a galanes notablemente hermosos,

mentir a los presidentes más amados

y desaparecer

¿dónde han ido?

a niños, mariposas y tamberos.

 

Y los tipos de

“Intrusos en el espectáculo”

siguen vendiendo

productos para adelgazar,

correas para perros,

alarmas antirrobo

juegos frutales

y mujeres sintéticas

sin gusto ni calorías,

como si

la tarde fuera un chicle

pegado sobre la mesa

o

una latita de atún

desmenuzado.

 

 

 

 

.intrusos en el espectáculo

Enigmas

 

rosas en cursoEnigmas

Los miserables iniciados

avanzan por la autopista de la furia

hacia los secretos hondos

de una completa nada,

atemporal

e inaccesible a los sentidos.

Un hombre con sombrero

estilo Bogart,

y cigarrillo en la boca seca,

frunce el entrecejo, y sonríe

al ver a la aguardentosa rubia

apostada a su lado.

Cree develar el mundo terrenal

en la espesura de una puta de cabaret.

Un ejército de perdedores

bebe a babor y estribor,

una ginebra de marca fortuita.

En la ciudad no hay niños.

Cualquiera puede notarlo.

Los hombres de la secta

con sus repetidas mujeres

(pocas, siempre iguales,

nunca la misma)

invaden el mundo.

Con códigos cada vez

menos misteriosos

desvirtúan el morbo

que los envuelve.

Cultores de novelas negras,

cine negro,

ovejas negras,

letras negras

en paraísos artificiales,

van desgranando

lo que luego llamarán:

sus vidas.

Solitarios y proxenetas,

compadecerán a la

vecina que a la siete treinta

toma el autobús

para comenzar su jornada

de enfermera en la clínica

donde atiende viejos apestosos,

que puedan pagarla.

“;En aquella época feliz,

Yo creía aún

que la estupidez humana

producía los enigmas.”

¿Entonces quien

si no Sr. Eco?

¿La estupidez divina?

La cruz que custodiamos

es menos real que la muerte

que lleva a cuestas

nuestra desvalida existencia.

 

Lu

Madrugada fría

 

MADRUGADA FRÍA

Yo no sé qué escribí.
Lo habré olvidado.

Acaso nunca he escrito ni una sola línea
que no hubiera sido preconcebida
en la transmigración,
sobre el pasto y la tierra bajo el cielo mundano,
en las tibias arenas de la playa,
con hedores velados por el heroico enjambre
de los antecesores de la especie.

Habré olvidado, también,
que previo al malestar de este presente,
la mente
se ocupó de entender por qué hay misterios
inapresables, fatuos y caóticos,
que viven en el fondo submarino,
al que no llega sol ni luz alguna.
No intento la catarsis de un poema,
ni busco un despertar de la inocencia.
Modestamente, apelo a ciertos cánones,
para que sepas
que
me desvelo en la fría madrugada,
de mi barrio cetrino en las afueras,
salvado de las aguas que desbordan cloacas
en una inundación de pesadilla,
pensando en vos y en la canción ridícula,
que aunque nos parezca superficial o fácil,
deletrea tu nombre
que engasta en el recuerdo de tu ausencia,
como piedra preciosa en una joya,
oráculo de dioses sin señales.

Lo escuchás en un click acá.

 

 

Lu Folino  Sigue leyendo

Esta entrada fue publicada el 14/07/2016, en poesía.