Archivo | junio 2016

Sin hacer tanta alharaca

 

A ciencia cierta,
y sin hacer tanta alharaca
entramos al futuro del pasado
cual nobles vagabundos
de una estirpe apodíctica del miedo,
reticente,
crujiente y atonal,
en aras de una vida sin retorno.

La caravana aplaude
dejándose atrapar por la sevicia
de un sentimentalismo degradado,
lloricas episódicos
con una perspectiva letárgica
y ausente
confunden con su esgrima
la parálisis.

Antiguos enanismos perfunctorios
de extrema recurrencia
farfullan sus lecturas subrepticias.
El mundo gira en forma
y se descula el porvenir
mientras vamos recuperando
palabras olvidadas,
por temor a que caigan en el pozo comarcal
y sigan siendo fúnebres testigos
del sueño de una noche de verano.

Escucha el poema aquí.

Comentario

COMENTARIO

(A raíz de algunas cartas enviadas por Mercedes Beroiz a L.A.F.)

Tu armonía conspira contra la derrota
del aúrea mediocritas.
Se eleva como esos directores de orquesta
que han olvidado en el vestuario el bisoñé.
En lo sucesivo dime como es
andar por la vida como tú,
despeluznada,
luciendo la cabeza al cero.
En qué catálogo aparecen
las señoras del barrio,
con batón,
preocupadas por los cuernos
del cuñado.
No sé si te conté, paisana lejos,
que me aqueja el remordimiento
de no haber vivido el tiempo suficiente.
Tantos libros de cuentos.
La novela del hombre que buscaba
un espacio en la luz,
un intersticio,
romper aquel silencio de ser pobre,
abrir un ventanal
para escaparse,
poner cien holandesas en un díptico
y arder en la madera de los cócteles.
Daiquiri, Molotov y Margarita
en la pulsión de regias embajadas.
A mí que soy reticente sobre
si aceptar invitaciones a cenas,
por temor de no poder
devolverles la ofrenda consabida,
se me ocurren muchas cosas
cuando viajo al teclado y me enmaraño,
y acabo por decir estupideces
en la penumbra
porque el Arte es gratis.
Se me escapan los años
y el Alzheimer
seguirá haciendo estragos en mi lengua.