Archivo | enero 2015

PROSAS V

Los huesos del artista fueron drenados hasta que quedaron resecos, vaciados de su médula y apenas sostienen un cuerpo escuálido y macilento, que añora su redención a través de la obra afterdeath, como íntima venganza de su empecinamiento. Pero no es eso  o verdaderamente grave. Que no  habrá finales felices ni vidas bukowskianas para todos, ni cámaras atentas a la difusión mundial cuando acabe el viaje duro y obstinado es un hecho traslúcido. No afectará la necesidad por la creación, porque desde que se larga la carrera por el reconocimiento (éxito es otra cosa mucho menos misteriosa) todos saben que no hay sino podio para uno. El misterio de los elegidos. El resto será (seremos) claqué, actores secundarios, extras de reparto, meros guionistas, técnicos aplicados, resignados alumnos que no acceden a la llave maestra que abre el palacio del inconsciente colectivo, colectivo cada día más consciente de su inconsciencia, si se me permite la digresión del juego de palabras.

Ayer leí dos antologías poéticas completas. Debo reconocer, con pesar, que  sus autores eran muy malos. Un hombre y una mujer. Uno ya fallecido, (no diré cuál es cual), ambos con cierto renombre en el mundillo literario.  Cuanto más leía esos versos más comprendía, a contrario sensu,  el espíritu de la poesía como arte supremo,  su mística, su secreto de estado, su excelencia.  Un poeta peruano, un poeta español. Los dos académicos de larga trayectoria. Uno traductor (llegué a su lectura por la emoción que me produjeron sus traducciones de un ilustre escritor, de quien jamás sospeché que sería tan bueno en una lengua materna que rara vez ha dado buenos poetas). El caso es que uno era locuaz, los versos perfectamente alineados y medidos, con riqueza lingüística, talento narrativo, un dominio absoluto del oficio, cierta gracia. El otro, también, aunque se notaba que su empeño poético estaba a contramano de su trabajo idiomático y su verdadero arte estaría en las traducciones. Al poeta peruano habrá que perdonarle su ingenuidad porque no alcancé a percibir una sola idea memorable en su profusa obra. Al otro también habrá que perdonarle su atrevimiento. Creyó que si podría iluminar la complejidad de algunos grandes autores podría aportar algo suyo, con el convencimiento de que no lo haría del todo mal. Para resolver el punto de fuga de mi incertidumbre crítica, volví a leer a los poetas traducidos, a los geniales,  y descubrí su grandiosidad, la perdurabilidad de sus palabras, el vapor que emanaban sus poemas después de ser incorporados como una parte activa de nuestra personalidad. Volver a estos iluminados por la palabra exacta (uno todavía está vivo, y es una felicidad el descubrimiento porque incluye la potencialidad de llegar a conocerlo), me hizo ver cuánto de los dos malos poetas habían estado rodando por mis cabeza, sigilosamente, haciendo pasar gato por liebre, mezclando el agua y el aceite, lamiendo de sus antepasados lo que no podrían llegar a crear en diez vidas seguidas y dando cátedras reveladoras. Me disculparás, lector, que no dé nombres. Estoy mirando dentro de mi pellejo y de pronto, haciendo mi trabajo de escritura habitual, tuve la sensación del relámpago.

Después de haber escrito: El último poema, que publiqué en mi página web,  estoy caminando por la cornisa de la prosa. Me cuesta mucho la síntesis, pero lo intento.

Yo solía ser amiga de Charly García, hasta que se volvió cuerdo y dejé de serlo. Bendita sea mi salud mental.

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PROSAS I V

IV

¡La libertad no es libre! A nadie le interesa, por supuesto. ¿Cómo empezar a combatir los convenios amañados, las tramas de una alianza pecaminosa, la soberbia de las elegidas dueñas y herederas del reino de la promiscuidad que darán hijos varones sumidos para ejecutar la perversión que multiplica el odio y los rencores? Una vez instalados en sus bancas, los rebeldes se transforman en un sofisticado engranaje del sistema. La masa ignorante con aspiraciones presuntuosas sale en defensa de “la libertad de expresión” apoyando a los gobernantes que los castigan sometiéndolos al vil destino de esclavos de un poder compacto que no les permitirá ni siquiera mirar por la hendija de la puerta. Cuando quieran clamar por sus derechos, será tarde. No habrá un solo micrófono que se los permita.

Me pides palabras compactas que no sé pronunciar, oraciones sentenciosas que se jactan de tener la sabiduría entre los dedos, juicios sin valor ni siquiera como opinión. Me pides versos blancos, odas épicas, poemas institucionales con métrica, con rima, con notable pasión en sus retinas añosas. Me pides retórica para aliviar tus cicatrices supurantes. ¿Me perdonas? La bronca no me permite escribir lo que siento.

Decimos: “Es delgado como un junco”. Si nunca has salido de tu ciudad nunca has visto un junco. Nunca has visto un cardo, un álamo, una llanura, un tifón, una marea, una ola, un cóndor, una llama, un oso polar. Has visto películas en el cine, series extranjeras, videos, programas de televisión y de computadoras, nubes oscuras de humedad, músicos en vivo, fábricas abandonadas por empresarios, peatones torpes, semáforos rotos, borrachos y drogados. Nunca has visto un arcoíris en la playa, un tiburón hambriento, una bodega funcionando, un tipo de queso del que en el mercado de tu barrio no saben ni el nombre. Has visto papeles de envolver regalos, seres extraterrestres, pescados, salas de juego, calesitas, escuelas, bibliotecas públicas y privadas, bingos y casinos. No has visto un kimono, el Taj Mahal, el Vaticano, las Torres Gemelas, el museo del Louvre, los palacios reales de las monarquías más conspicuas y olorosas, montañas de siete colores, el parque nacional de Las Quijadas. Has visto publicidades, libros, bares de cadenas multinacionales, cigarrillos, ropa barata made in China, bodegones, organigramas, residencias lujosas, chozas impenetrables, grafitis para todos los gustos. Si nunca sales de tu ciudad nunca verás un junco, que no sea delgado como un junco.

Era como una cicatriz sepultada debajo del recuerdo oficial que lo ignorase. Tenía quemaduras ocultas de sol entre las piernas, llagas en la espalda, minúsculos lunares de mentira. Era igual que una piedra erosionada por el viento de la indiferencia, y todavía piedra fundacional. Tenía truenos en la voz y relámpagos bajo el ombligo. Era la frescura, la honradez, el cálido piropo. Tenía paciencia ante el enigma. Era el eco fugaz de arrabales clandestinos. Tenía murmullos de paisajes en las fotografías, a vueltas de correo de estampilla solemne. Era una historia sin fin, en el país de las maravillas de la infancia pubescente. Tenía limpidez de bendiciones, barquitos esperando zarpar hacia otra orilla, camaleones en el pelo. Se reinventaba en las noches debajo de las sábanas y olía a zumo de frutas de cosecha reciente. Tenía el don de hacerme reír en todos los idiomas. Era caso cerrado. Res judicata.

No te encuentro, poema. Fuiste abducido en la turbulencia de un cúmulo estelar. Pareces otro. Sin duda, ya no eres mío. Estás falto de fe, permeable a nuevos halos de radiante luminosidad. Te seduce la serpiente que ha mordido a Eurídice en su escapatoria. Te tientan las sirenas de islas inventadas por Homero, en su beneficio. No te hallo, poema. Te fugaste en un tren de madrugada. Cambiaste el pasaporte por los sellos, la metamorfosis por el ruido, la inspiración por el emblema onírico. El ojo llora a su flor, sin aceptar las consecuencias.

PROSAS I I I

I I I

Aunque todo se repita y nadie lo recuerde. Aunque todo anteceda, se suceda y se explique con engaños, hipocresía y dogmas. Aunque cada vez que suene una cuerda de guitarra te entren ganas de bailar o de llorar o de morir o de gozar hasta el orgasmo de tu juventud  que durará hasta la hora de tu muerte, si sabes disfrazarla de adultez para que las comadres de tu barrio no te señalen con el índice de su mano derecha,… no abandones esta vida sin haberla vivido dentro y fuera de tu mente. Para bien o para mal, es lo único que te fue donado.

Hay una avalancha de nombres en la historia reciente.  Son tantos que impedirán recordar el primer sustantivo original al que denominamos dios y naturaleza por convención lingüística. Hay una clara diferencia entre dios y Dios, entre naturaleza y Naturaleza. Un ciego pacto de las sombras anima una discusión al respecto. Cuanto más confuso el lodazal mayor será el éxito de los temerarios.

Anoche soñé con un verso perfecto para estas prosas imperfectas. Lo olvidé, como siempre ocurre con nuestra capacidad inconsciente de provocar asombro. El recuerdo es vago y arrogante: asimilaba prosa con proeza y espasmo con espanto. La Literatura es un laberinto del que escapas cuando estás despierto.

La Inteligencia suele ser tributaria de la Belleza. Se encoge ante su magnitud violenta. Se ensancha para conquistarla. El objeto de tu existencia incognoscible es alcanzar el grado máximo de lo bello en cualquiera de sus formas y magnitudes. Tu Razón explica lógicamente que la Belleza es una construcción cultural histórica. Que ella depende de múltiples factores educacionales y aprehensibles.  Ningún oráculo te dirá que la Belleza es un obsequio de nuestros antepasados, porque se supone que no ignoras esta dimensión de peldaños consecutivos. Y no obstante, tu meta es alcanzarla como si en realidad habitara en este mundo.

A veces toca ser escritor de culto, otras ser del palo mercantil: vender producto y pasar por caja.  De vez en cuando, toca borronear breviarios, confeccionar manuales, compendiar anécdotas. A menudo toca traducir, acotar, resumir, explicar, transferir leyenda inaccesible, recordar mitos y escuelas. A veces toca hacer apologías, diatribas, ediciones impresas en letras de molde. Casi nunca toca suerte.

¿Cómo nace un poeta? Casi siempre en primavera.  Unos días antes de comenzar el invierno en el hemisferio norte. Para santificar las fiestas y echar leña al fuego, si es necesario.  De parto natural o por cesárea, que es el más natural de los partos modernos. Cuando apenas se tienen segundos de vida o hasta un instante antes de morir. Un poeta nace porque se hace. Se hace porque nace, como una paradoja interminable e incierta. ¿Cómo nace un poeta? Como nacen los gorriones en la rama,  sin hacer el menor ruido, cuando nadie los ve.

Hay preguntas que han perdido toda posibilidad de respuesta. No porque no contemplen otras opciones sino porque los mecanismos de la mente nos conducen de manera tácita y sin esfuerzo a los sólidos pisos conocidos. Por ejemplo: La condición humana. ¿La condición humana? Malraux. ¿Cuántos han leído a Malraux sin bostezar? Por mucho que después Hanna Arendt lo intentara. Sigue siendo Malraux. Sigue siendo la pérdida de la individualidad en un enfrentamiento bélico para beneficio exclusivo de aquellos que  no tienen la menor idea de por qué lo hacen y a quienes responden y obedecen.

PROSAS I I

I I

Cada letra es una ceniza del extenuado corazón; la blancura de los pétalos de un jardín amarillento; el aliento atesorado en una flauta prodigiosa; el pan y las confituras de tu mesa vacía.

Arrepiénte. No te arrepientas de nada. Duda. Ten la certeza de no dudar. Grita. Calla. Explícate. Vacila. Sopla. Ruega. Vende.  Regala. Compréndete. Pierde. Compra. Salta. Trueca. Olvídalo. A Dios tus pequeñas manías le dan lo mismo. Tu tramo  está sellado entre líneas y símbolos azarosos de una perfección incalculable.

El poeta aseveró: “El muro es tu único testigo” y quiso significar que  “el espacio en blanco” de su escritura era su margen de error y salvación. Cuando nadie nos observa, Dios todo lo ve. Sus notarios escuchan a través de las paredes.
“El muro es mi único testigo” dije yo. Los años pasaron. El muro es otro muro irrevocable. Nunca sospechado por ser excesivamente predecible. Un muro que me excluye y me retiene como a una mariposa disecada bajo un cristal de laboratorio humano.

Malgastamos el presente en escribir nuevas oraciones gimiendo sentimientos asfixiados, condolencias y terquedades. La ausencia no se puede esconder debajo de la alfombra. La soledad es árida y permanente.

La tecnología avanza, el papel se humedece. Las liendres comen el libro. El aire se lleva nuestros mensajes en sitios virtuales que fagocitan el pensamiento moderno con antiguos artilugios. La quema de libros, la obligatoriedad de cambiar de idiomas, la lengua muerta en sepelios rutilantes de convocatoria y cajón cerrado.

El sendero de los ciegos. La irrespetuosidad ante los dioses. Las falsas religiones.  La tartamudez de los artistas. El precio de los seres vivos. La energía de los muertos. Todo es verdad. La mentira es verdad porque existe y su voz hace ruido en las tinieblas.

Existe un punto límite entre el hambre de la vida y el hambre por la vida.  Atesóralo en la palma de tu mano y después recorre tu ciudad contando cada señal de la ruta para que tu vecino llegue en paz a su destino.

Vaticinan años duros. ¿Cuándo tuvimos años blandos los humildes? Vaticinan lluvias copiosas. ¿Cuándo vimos el sol del amanecer apaciblemente sin estar obligados a apagar nuestro despertador interior con el asombro de quien espera que algo cambie de algún modo?

Prepara el oído para la blasfemia, el ojo para la belleza insulsa, el olfato para reconocer el olor de los velatorios y huir de prisa.

¿Leer para qué? Para aprender a leernos y desquitarnos de la imposibilidad de  vivir con nosotros a cuestas.

La mente falla al recordar la sucesión de las palabras. Mala es la suerte de tener buena memoria. Toma mi cuaderno y escribe. Solo el signo no perece.

Las palabras están hartas de semántica, de etimología, de semiótica, de filología, de definiciones, de conjugación verbal., de sintaxis, de penas y alegrías. Hartas de ser descripción, adjetivo cardinal, ordinal, préstamo gratuito, crédito innecesario, pronombre, alegoría. Cambia de juego si quieres cambiar de estado de ánimo. Paso a paso las tortugas llegan a descubrir el horizonte.

Prosas I

La noche nos promete ser clara y transparente de estrellas del color de agrisados ojos nebulosos.

No habrá sobresaltos. La música protege el templo de las musas, amparado del ácido corrosivo de las discotecas diabólicas.

¿Quién se atreverá a pedirme que abandone el edificio?

Me mantendré impasible como una tímida cigüeña a punto de emigrar de su morada.

Nunca anheles la desgracia de ser rey ni parecerlo.
Pesa sobre mi espalda la furia de los violentos,  el llanto de los idiotas, las efigies de piedra dura de los corruptos.
La impureza de una rosa se trueca por sus espinas.

Nunca anheles la desdicha del guerrero de la paz, aunque en noches aciagas y tortuosas envides su vejez desconsolada por la ausencia de aquella que ha partido, sin sospechar que mataba a su excelencia, con los labios robados a la luna, de los cuadros que secretamente le pintaba, bajo ínclito seudónimo, con el afán de llevar misterio donde había luz y conmoverla.

Debes empezar considerando que aun siendo distintos ninguno de nosotros es distinto a sí mismo e igual al otro eterno.
El antiguo testimonio de los libros religiosos suele dar cuenta épica de la sangre regada en arenas infinitas, antes y después del tiempo y la sustancia.
Los verdugos ignoran la estupidez humana. Por eso son humanos. Por eso son verdugos.
Mi ser se desquita de la continuidad perezosa o más bien de su motivo de sobrevivencia femenina del erotismo circular y autónomo.

Debes también, adherir a la humidad, hijo mío, sin dar pasos en falso que conducen a camino del pecado original.

Es obsceno mirar a cualquier parte. Es obsceno cerrar los ojos y dejar de ver sin la mirada.

Aquí están copulando el cielo y el infierno, albergados en un todo universal limpio y perfecto.

El tacto aguarda su resarcimiento. El olor penetra sin mancha de anhelo alguno.

La expectación se ha transformado en santa resignación de los designios divinos. Se parece a un puente cubierto de nieve, resbaloso y frío de un país tan lejano que es probable que solo exista en la cuna de la imaginación.

Asignar luz a las sombras para inventar la experiencia de la palabra es aliviar la fe, que no se explica.

Casi un fotón parido

Casi un fotón parido

En el fondo del túnel, una luz transparente
abre paso a otra vida, por mí desconocida.
Disociada y abstracta, casi un fotón parido
que ocupa dos lugares del plano y del instante,
al mismo tiempo herido,
apoyada en tu espalda, entera y condensada,
montando en caballito, las piernas enlazadas,
se ciega tu conciencia bebida y confundida
en verdes madrugadas de vómito caliente.
Sintiendo que no pesa mi cuerpo
y no te aplasta el sólido elemento,
fugué hacia las montañas
de neblinas heladas, serpeando el Himalaya
entre motas de polvo,
con secas triquiñuelas de indígena en apuros.
Y es tarde para besos
y es pronto para lágrimas.
Desde afuera vislumbro tu rostro en nuestra almohada,
temblando tus caderas
estalló la guitarra, ciempiés de dormitorio,
componiendo canciones que acarician el alma,
y me nombran,
me buscan,
como si te faltara.
Y estoy en todas partes,
calmándote la fiebre que silba un desafío,
cerquita de tu apremio de visión extenuada,
Y estoy en todos lados
en tu huella anterior, en el simple futuro,
aquí, allá y ahora, tal vez, después, mañana.

Ritornello

Ritornello

Este subterfugio
incompleto de guiño a las estrellas,
empujados por un asno veloz
ronda la ronda.

Esta articulación
de amores en suspenso,
mordiendo el anzuelo de la armonía,
repica la pica.

Este tiempo inalcanzable
con su epitafio paladeando las canciones
de un azul oscuro y tembloroso
holgando la huelga.

¿Hay algo más en el designio de la vida?