Obviedades dolorosas

 

Obviedades dolorosas.

Estimado señor anónimo:

No me siento perseguida porque lo estoy.

La diferencia se mide en años luz.

Una vez asumida la imposibilidad material

de luchar contra los ejemplares execrables

que desde sus espacios de privilegio

están al mando del negocio

respondo desde cualquier sitio esa agresión de acoso moral.

Marco los caminos a seguir.

Quizás sea hora de abrir la mente hacia nuevas conexiones y senderos.

No es ni mi intención ni mi deseo convertirme

en la maestra de cada uno de los cientos

de lectores y poetas que pululan por las redes virtuales.

Quien no pueda seguir el tren que no lo haga.

Los argentinos tenemos un escasísimo sentido del humor

y un alto grado de estupidez intelectual.

Hay excepciones.

Si lo mismo que digo lo reflejara Woody Allen en sus películas

la comunidad mediática lo estaría admirando

por “orden de su psicoanalista”.

La sociedad cultural pesa como un yunque en la cabeza de los adoctrinados.

¿La gente me dice de todo?

Es hora de que algún empresario sagaz advierta eso

y me proponga un trabajo acorde con el talento que exige estar en el inconsciente colectivo como si lloviera.

Soy la Messi de los blogs pero sin la compensación económica que me corresponde.

Averigüe por qué.

2.-

Escribo al vuelo porque no quería dejar de contestarle.

No soy quien para quitarle sus prejuicios.

Entiendo que quizás sea usted inexperto y

no comprenda cabalmente la estrategia que utilizo.

Mis blogs fueron hackeados.

Hace años que camino por la senda de internet,

he tenido un foro, también violado,

fui la “musa” de muchísimos artistas que lucraron con mi desgracia,

fortunas de las que nunca tendremos la menor idea,

y he recibido cientos de mensajes de aliento por mis buenos o malos poemas, cuentos, réplicas y ensoñaciones.

No puedo precisar cuántos, por fortuna, perdí la cuenta.

También he recibido innumerables críticas. No me extraña.

Me adelanté varios casilleros y eso tiene sus consecuencias,

como en dije en el Juego de la Oca.

Denuncio cosas fuertes, tremendas y dolorosas,

cosas que a los implicados les fastidia que se digan en voz alta y con megáfono.

Hablé de conspiraciones masónicas y templarias mucho antes de que alguien sugiriera a los canales hacer el teleteatro de “Montecristo”.

La brevedad de un poema no permite que me explaye

y tampoco voy a convencer a nadie desde un lugar tan ínfimo

como un comentario de un tuit.

Pero, buscaban guerra y les devolví jaqueca.

Como siempre le digo a mi hijo: “Si me suicido, averiguá quien fue”.

Tampoco tomaré las armas contra los miserables,

porque esta venganza en mucho más placentera y productiva.

No pudieron internarme en un psiquiátrico,

aún con la complicidad de penosas médicas a sueldo,

que me acusaban de sicaria del diablo.
Ahora, mi amigo, las pastillitas se las están tomando ellos.

¿Qué debo hacer según su sabiduría?

Aquí bien amordazada no encolerizo a los jefes

que están digitando desde arriba

quien tiene talento y quien no merece un mango más.

Es decir, ningún sudamericano puede dejar de ser la pieza de sus ajedreces de tales absolutas monarquías.

Sin embargo, ellos, los supuestos elegidos, pueden hacerlo,

pero no pueden por mucho que me espíen o persigan

conseguir dos gramos de genialidad.

3.-

“Lucía, lo que usted dice me inquieta.

¿Por qué piensa que la gente la quiere perjudicar?”

me ha escrito.

Nadie pretende perjudicarme, estimable, pero muchos políticos quieren verme bien lejos de sus corrupciones.

Saben que no tienen chance de robar tranquilos cuando ando rondando por los pasillos.

La cofradía es una telaraña de rosacruces, que se ensañó conmigo,

sin conocerme personalmente.

Muchos ya entraron en panic attack, otros todavía resisten.

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