La última literatura

La última literatura

“…y las cartas de amor que habrás guardado

serán tu última literatura.”

Joan Margarit

 

 

 

En el desmoronado mediodía

se escucha del amor, punzante el ruido

de las cuerdas de una guitarra.

Rozo tu intransitable anatomía,

fauna de ausentes besos al descuido,

con piel de anfibio que te sabe amarra.

 

 

Soy tan poco fiable en el estrado

que arrastro nuestra sed y podredumbre

por querer descifrar todas las cosas.

Son mis cartas de amor desesperado

causales de imperfecta incertidumbre,

mortal estorbo,  lanzas caprichosas.

Guárdalas como escudo de otros soles

e intenta perdonar, si no te importa,

los ritmos que tejieron mi bandera;

que la copa evapora los alcoholes

se astilla, nos recalca y se comporta

como si nada bueno sucediera.

 

 

Las voces de la magia se desquitan,

una vez y otra vez, como queriendo

imponer el olvido a la cigarra.

A pesar de nacer, se fagocitan,

sobresalen del cubo y siguen siendo

la fastuosa pasión que nos desgarra.

Publicado por Lu Folino

En Venas al Menudeo ( 2015)

 

Éufrates

Éufrates, el hombre que regresó al mundo de los vivos porque fue matado por equivocación, según él mismo dijo, narraba la siguiente historia:

“El sumerio, lengua que floreció en Irak y del que se encontraron los primeros manuscritos hace seis mil años, era el idioma oficial del cielo que dominaban todos los muertos hasta que la costumbre cayó por el uso y hoy se habla papiamento (un dialecto de español, inglés, holandés y de aborígenes americanos).

El aprendizaje demora unos veintisiete días.

Los extranjeros llegan a un aula con vista a la estrella X345.823 que está

apagada pero tiene buena luz. El ambiente de estudios es agradable.”

Éufrates que entonces tenía 25 años, anotó en su diario cada detalle para poder recordarlo porque siempre le gustó rememorar cuentos increíbles.

Además, él sabía que tenía turno para regresar a su país y no quería desaprovechar la oportunidad de tratar con algunos de los personajes que allí había y además, porque las salas de espera siempre son aburridísimas.

El director del lugar era Sir William Shakespeare, quien insistía en que lo llamaran Willy, porque decía que los títulos honoríficos son basura terrenal en el sagrado espacio ulterior.

Lo primero que tuvo que aprender a leer y traducir fueron algunos papiros egipcios, unas tablillas de arcilla de la Mesopotamia (coincidencias de los tiempos, porque el nombre del relator es uno de los ríos que la rodea), El libro de los Muertos, del año 1800 antes de Cristo, que entre paréntesis era uno de los mejores alumnos (no tenía privilegios pese a que su padre según dicen, es el dueño de las instalaciones) y La República de Cicerón.

Después, le enseñaron la gramática y la escritura del sumerio, pero eso era por cuestiones culturales, según comentó el profesor honorífico Albert Einstein, cariñosamente llamado El pelado despeinado.

Al final hicieron prácticas de taller en el papiamento propiamente dicho y se abocaron a los avances de la revolución tecnológica por computadoras.

El narrador se destacó mucho, porque había sido analista de sistemas en una ciudad cercana a Amsterdam, cuyo nombre no recuerdo.

Un señor de apellido Gutenberg era el ayudante de la clase. Parecía algo irritado porque el profesor era un chico de 12 años a quien todos respetaban como a un gran maestro.

También había mujeres entre los alumnos y educadores pero aunque siempre tenían las mejores calificaciones y trabajaban más horas de lo corriente, nadie hablaba de ellas. Solamente las mirábamos –solía decir el contador- porque todas eran hermosas y no sabíamos por qué, ya que había jóvenes y señoras mayores, rubias y morenas, altas y bajas, gordas y flacas. Eso es algo que no puedo entender todavía, comentaba.

Cuando Éufrates regresó al planeta, en el rayo eléctrico que lo trajo de vuelta, Irak estaba siendo saqueada, mil quinientos incunables habían desaparecido por robos y los patrimonios universales estaban en riesgo.

Sintió una profunda tristeza y cayó en una tal honda depresión, que lo llevó a vagar por los países sin rumbo fijo como un vagabundo.

Lo hallamos con la vista fija en el mar azul de Aruba, varios años después.

Había olvidado todo y solo hablaba el dialecto de la isla.

Encontramos su diario de aventuras del más allá en el fondo de un viejo baúl destartalado.

 

Yo sé que no se estila

Estimados colegas escritores y poetas de WordPress.
Sé que no es habitual pero quiero elevar una queja y espero que me ayuden.
No encuentro en que lugar del blog dejar mi información personal.
Estoy en todas las redes: facebook, linkedin, twitter, instagram (el camaleón fatigado)  y blogspot además de esta, cuya adaptación todavía me cuesta, porque no remite directamente a la página de los comentaristas o personas que dejan un Me gusta como paso por el espacio.
Eso desalienta la comunicación.

Así que quiero dejar aquí constancia de que mis datos son reales:

Ya lo compartí alguna vez:

https://micurriculumluciafolino.blogspot.com/

Es hora de abandonar la clandestinidad (yo lo hice hace veinte años y no me ha ido mal, sino al contrario)

Mi whatsapp es +34 621242209 o bien +54 11 55991820 por si necesitan contactarme o comunicar algo (no cadenas ni spam porque bloqueo, naturalmente).  A veces, aparece algún spam indio, turco, chino o africano que no tiene idea de quien soy ni lo que escribo, me agrega, pero son los menos.
Siempre es bueno estar online. Ya no existen guías telefónicas como en el siglo pasado.
Los invito a seguir mi sugerencia.

Lu

Reincidencias

Reincidencias

a Pappo.

Estas son los culos
que cotizan en bolsa:
firmes y levantados,
pagan con placer sensual
las deshoras de la Historia.
Estas son las panzas
que cotizan en bolsa,
groseramente alimentadas,
por compradores de salud en cuotas,
con saco y corbata,
expediente en mano.
Éstas son las filas de los desocupados
que cotizan en bolsa:
piquete, pecho y revólver,
donde crece la desilusión
que da pasto a la infamia.
Esta hilera es la fila de todos
los que llevan sus manos descalzas,
al verdadero Ministerio de la Injusticia,
-los delincuentes están fuera
del aire condicionado de Tribunal-.
Criollos, paraguayos,
coreanos con camisetas de Amsterdam,
tailandeses, karatekas,
orientales del otro lado del charco,
aguardan en los pasillos.
Estos son los hombres
que acarrean en su bolso de cuero verde
a otros hombres que llenarán formularios
para obtener un número.
Estos son los que no necesitan número,
que los lleve a la silla de espera
con otros muchos protagonistas
del talonario del almacén.
Estas son las orejas del Banco Ciudad,
que están regenteando satisfechas
los timbrados del pánico.
“En la madrugada se mató Pappo”
dice el canal de tevé amarillista,
pero Pappo está tendido
con sus brazos ensangrentados.
Esta vez es cierto:
En la madrugada se mató Pappo.
Señores: Preparen sus dedos,
que la tinta tiene hambre.
Vamos a requisar la culpabilidad
de los inocentes.
Estas son las mañanitas
de la calle Tucumán,
casi 9 de Julio y Teatro Colón.
“Viva la Patria
aunque yo perezca.”
“Esta madrugada se mató Pappo”-
Apellido y nombre:
Napolitano Norberto.
Apellido y nombre, dije:
Responder en letras de imprenta.
Certificado de antecedentes penales.
Pida permiso para ser pobre
con dos testigos,
si no puede pagar el sellado.
Diríjase al Juez de Turno.
-Lo mismo que
en caso de accidente automovilístico
aunque el que muera sea el blues-
“Detrás de la línea, por favor.”
“Espere ser llamado”
¿Cómo debería decir:
“espere ser llamado” o
“espere a ser llamado”.
No persigo ser llamada por la muerte.
Pappo no habría querido.
Tampoco pretendo ser solo un llamado
de un teléfono que está roto.
Apuesto a que está roto,
porque de lo contrario,
me atenderías alguna vez.
¿Quién sigue?
Quinientos veintinueve.
Falta tanto todavía.
Una mujer se quita los zapatos,
le arden los pies.
Un bebé llora en brazos
de otra señora con remera rosa,
cartera rosa, lazo de pelo rosa,
aros de plata ¡con una estrella rosa!
Su tez morena, su aliño obsesivo
la delatan:
es argentina, falsa rubia,
como las que he visto de lejos en Miami,
aunque no necesitáramos visa,
ni trámites, en ese entonces,
no me equivocaría jamás.
Pappo ha muerto.
Quinientos cincuenta y cinco,
-¿capicúa de la suerte?-
¿Cuánto falta todavía para salir
de este agujero de nervios contenidos?
Algunos jóvenes lucen tatuajes
de tinta azul,
como la de la lapicera con que tatúo
este cuaderno de apuntes.
“Prohibido el uso de celulares.”
¿Me estarás llamando ahora
o seguirá descompuesto tu teléfono?
Seiscientos uno… dos…
-ya estoy cerca de la salida-
tres, -menos mal que falta poco-
cuatro… cinco…
Pero Pappo está muerto
y no habrá reincidencias.
Sin remedio.
Sin miedo.
Ha llegado mi turno.

Back to the future

Hoy me acuerdo que hace veinte años compartía un poemita de tercetos de pie quebrado en una página web que era de las pocas que había en castellano. Era una respuesta o otros tercetos similares que no olvidaré jamás.

No éramos más de una docena de personas, y por diversión (aunque yo usé mi nombre real desde el principio) intercambiábamos nombres y nicks:

Dedico esta entrada a mis queridos y odiados anónimos con una felicidad enorme. La dicha de saber que la palabra puede unir, cortar, amalgamar, herir, moldear, educar, provocar devoción, hacernos amar sin fronteras ni medida y dar espesura a una realidad que se avecina cada vez más triste a nivel planetario y local.

No es cuestión de quien gane o pierda una elección, -no fanaticemos- sino que se avecina un modelo de Nuevo Orden Mundial que nos excluye, nos adocena y nos etiqueta (seré la menos perjudicada porque padezco la etiqueta negra desde hace décadas y sé bien de qué se trata la cosa).

Así empezó todo.
Por fortuna, somos miles los poetas que escribimos, publicamos, nos presentamos en tertulias, radios y estamos presentes en todas las actividades del arte plástico, teatral, audiovisual, sonido, filosofía, etc.

Los pioneros: que me acompañaban
alex méndez (el chihuahua con corbata), pancho lópez (que nunca se enteraba de nada), morelia o la adorable mexicana (la más mala de todas, también), javier el fan fan, jrms (el poeta de los sonetos) amiraluna, ponchito (el niño mimado), ivan montoya, gema crespo (la teacher), rober de Temuco, julito infante (qepd)….

“Conmigo vais, mi corazón os lleva” para decirlo en palabras del dueño del bar madrileño en el que pernoctábamos.

Tan pocos mayos, carajo.

Un abrazo grande a quienes hicieron posible la resurrección de la poesía virtual.

Lu